UOH y Universidad Técnica de Machala fortalecen cooperación científica a través de la Red CYTED SiAgro
• La estadía del estudiante de Agronomía Wellington Eduardo Mejia Blacio permitió avanzar en formación científica especializada, investigación en mecanismos asociados al transporte de silicio en plantas y nuevas oportunidades de cooperación institucional entre Chile y Ecuador.
La Universidad de O’Higgins, a través del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3), recibió durante 20 días al estudiante de Agronomía Wellington Eduardo Mejia Blacio, de la Universidad Técnica de Machala (UTMACH), Ecuador, quien realizó una estadía académica y científica orientada al fortalecimiento de sus competencias en investigación vegetal.
La actividad se desarrolló bajo la tutoría del Dr. Luis Felipe Lata Tenesaca, por parte de la Universidad Técnica de Machala, y del Dr. Dilier Olivera-Viciedo, académico del ICA3 de la Universidad de O’Higgins.
Durante su estancia, Wellington Mejia desarrolló diversas actividades de formación e investigación, destacándose el entrenamiento recibido en el Laboratorio de Inmunidad Vegetal de la UOH, donde se capacitó en técnicas relacionadas con expresión génica, reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y análisis de transportadores de silicio en hojas y raíces.
Estas herramientas resultan particularmente relevantes para comprender los mecanismos fisiológicos y moleculares involucrados en la absorción, transporte y respuesta de las plantas al silicio, un elemento que ha adquirido creciente interés científico por su potencial contribución a la tolerancia de los cultivos frente a diferentes condiciones de estrés.
Como parte de su formación, el estudiante participó en clases de pregrado y recibió además capacitación en manejo, preparación y dosificación de fuentes de silicio, con énfasis en su aplicación en experimentos agrícolas actualmente en fase de ensayo. Esta experiencia permitirá fortalecer futuras actividades experimentales y favorecer la estandarización de metodologías entre los grupos de investigación participantes.
La estadía se desarrolló en el marco de SiAgro – Red iberoamericana sobre el uso del silicio en la mitigación de estreses múltiples, fortaleciendo la sostenibilidad agroalimentaria de la región (126RT0191), perteneciente al Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED).
La Red SiAgro articula universidades, grupos de investigación y actores del sector productivo de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Portugal y Uruguay, con el propósito de avanzar en la comprensión del papel del silicio frente a estreses bióticos y abióticos y contribuir al desarrollo de sistemas agroalimentarios más sostenibles y resilientes.
En representación de la Universidad de O’Higgins participan en SiAgro los académicos del ICA3 Dr. Dilier Olivera-Viciedo, Dra. Lorena Pizarro y el investigador Postdoctoral Dr. Andree Álvarez, fortaleciendo la presencia de la institución en iniciativas internacionales de investigación, formación y movilidad académica.
Nuevas oportunidades de cooperación institucional
Además de las actividades desarrolladas en laboratorio, la visita permitió explorar nuevas oportunidades de cooperación entre la Universidad de O’Higgins y la Universidad Técnica de Machala. En este contexto, durante la estancia se desarrolló una reunión con representantes del área de Internacionalización de la UOH, orientada a analizar mecanismos que permitan avanzar hacia la formalización de relaciones interinstitucionales entre ambas universidades. La iniciativa busca que las actividades científicas generadas dentro de SiAgro puedan proyectarse hacia mecanismos formales de cooperación que faciliten futuras movilidades de estudiantes y académicos, investigaciones conjuntas, formación de recursos humanos y desarrollo de nuevas iniciativas internacionales.
Para el académico del ICA3 Dr. Dilier Olivera-Viciedo, este tipo de actividades constituye una de las expresiones concretas que se espera potenciar mediante la Red: “La movilidad de estudiantes y jóvenes investigadores permite que la cooperación científica trascienda las reuniones y publicaciones. Buscamos que SiAgro genere oportunidades reales de formación, intercambio de metodologías y desarrollo de investigaciones conjuntas entre las instituciones participantes”.
La experiencia de Wellington Mejia constituye así un ejemplo de cómo una red internacional de investigación puede transformarse en oportunidades concretas de formación científica, intercambio metodológico y fortalecimiento institucional.
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Saber másDe Nepal a Chile: investigador advierte que en Chile la alta montaña también puede generar aluviones capaces de impactar kilómetros aguas abajo
Desde la Universidad de O’Higgins, Hans Fernández plantea reforzar el monitoreo, los mapas de riesgo y los sistemas de alerta temprana.
Saber másUOH avanza en SVAR: la iniciativa que busca dar a la industria del salmón un menú de medidas costo-efectivas para usar menos antimicrobianos
El taller, organizado por la Universidad de O'Higgins, cerró la etapa de elicitación de expertos del proyecto internacional SVAR, que busca reducir en un 25% el consumo de antimicrobianos en la industria del salmón.
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· Desde la Universidad de O’Higgins, Hans Fernández plantea reforzar el monitoreo, los mapas de riesgo y los sistemas de alerta temprana.
Lo ocurrido en Nepal vuelve a poner la mirada sobre una amenaza que también está presente en la cordillera de los Andes: grandes desprendimientos de hielo, roca y agua en zonas de alta montaña capaces de transformarse rápidamente en aluviones y afectar a poblaciones e infraestructura ubicadas varios kilómetros aguas abajo.
Según la evidencia disponible, el fenómeno registrado en la cabecera del río Lhende, Nepal, se originó en un glaciar colgante ubicado a unos 5.200 metros sobre el nivel del mar. Desde allí se desprendió una masa de hielo y rocas que cayó aproximadamente 1.200 metros hasta alcanzar el fondo del valle y las nacientes del río.
“El aporte de hielo, sedimentos y agua que cayó desde la montaña habría obstruido temporalmente el curso del río, represándolo. La posterior ruptura del represamiento habría liberado el agua súbitamente, generando una crecida rápida del río”, explica Hans Fernández, investigador del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH).
El episodio plantea una interrogante para un país como Chile, cuya geografía también está marcada por una extensa cordillera, glaciares y ambientes de alta montaña. Para el investigador, existen condiciones que podrían favorecer fenómenos similares, aunque con diferencias respecto de la realidad del Himalaya.
“La cordillera de los Andes presenta una topografía escarpada y una gran diversidad de glaciares, incluyendo glaciares colgantes y masas de hielo emplazadas sobre laderas de fuerte pendiente”, señala Fernández. Sin embargo, advierte que en el norte, centro e incluso buena parte del sur de Chile los glaciares son generalmente de menor tamaño que los del Himalaya, por lo que el volumen potencial de hielo involucrado podría ser menor.
Una excepción importante está en la Patagonia, donde existen sistemas glaciares “de dimensiones comparables e incluso superiores a muchos glaciares del Himalaya”. A ello se suma una diferencia relevante en términos de exposición: Chile posee una población cordillerana considerablemente menor que Nepal y gran parte de sus habitantes se concentra en los valles centrales.
Antecedentes
Pero Chile no parte desde cero en materia de antecedentes. Hans Fernández recuerda dos episodios. El primero ocurrió el 29 de noviembre de 1987 en el sector de Alfalfal, Cajón del Maipo, cuando un desprendimiento rocoso en la cabecera del estero Parraguirre cayó unos 1.200 metros sobre glaciares y nieves, generando un aluvión que recorrió cerca de 57 kilómetros por el lecho del río Colorado. El desastre dejó 57 personas fallecidas y las olas del flujo alcanzó, en algunos sectores, alturas de entre 20 y 30 metros.
Tres décadas después, el 16 de diciembre de 2017, una remoción en masa en alta montaña movilizó roca, nieve y hielo glaciar en Villa Santa Lucía, en la Región de Los Lagos. El aluvión alcanzó directamente a la localidad y provocó 22 fallecidos.
“En el Alfalfal y Villa Santa Lucía aún están frescas las huellas de esos eventos en el paisaje y en la memoria de los habitantes”, plantea el investigador.
Cordillera que cambia
El desafío adquiere una nueva dimensión debido a las transformaciones que están experimentando los ambientes congelados producto del calentamiento del clima. Glaciares, nieve y permafrost no son elementos estáticos: su retroceso o degradación puede modificar las condiciones de estabilidad de las laderas y favorecer la aparición de nuevas lagunas glaciares.
“Este tipo de eventos puede presentarse en toda la alta montaña de Chile, sobre todo donde hay pendientes pronunciadas, presencia de glaciares y permafrost, y sectores donde existen lagunas glaciares originadas a partir del retroceso de glaciares”, advierte Fernández.
El punto crítico, agrega, es que un cambio que inicialmente parece gradual puede terminar desencadenando un evento abrupto. “Los cambios pueden producirse de manera gradual, pero también de forma abrupta, mediante eventos de gran magnitud como el observado en Nepal”, sostiene.
Por ello, la principal lección que deja el episodio asiático para Chile no sería intentar predecir exactamente cuándo ocurrirá un fenómeno de estas características, sino reducir la vulnerabilidad antes de que suceda. “Lo primero es tomar conciencia de que vivimos en una geografía viva, dinámica. En particular, la alta montaña, donde los glaciares, el permafrost y los sistemas hidrológicos están respondiendo a un clima cambiante”, enfatiza.
Monitoreo
Para el investigador UOH el país debe avanzar en una identificación sistemática de las zonas que podrían generar este tipo de amenazas. Eso implica mapear glaciares potencialmente inestables, lagunas glaciares, laderas susceptibles a remociones en masa y las posibles rutas que seguirían los flujos aguas abajo. “Esa información debe incorporarse de manera efectiva en la planificación territorial y en las políticas públicas”, plantea.
Junto con ello, Fernández apunta a fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana, porque no todos estos fenómenos pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse. “La experiencia internacional demuestra que no siempre es posible impedir que estos fenómenos ocurran. Pero sí es posible reducir considerablemente sus consecuencias”, afirma.
La estrategia -concluye- debe combinar monitoreo permanente, sistemas de alerta, planes de evacuación, obras de mitigación y restricciones al desarrollo de infraestructura en sectores expuestos.
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Saber másUOH avanza en SVAR: la iniciativa que busca dar a la industria del salmón un menú de medidas costo-efectivas para usar menos antimicrobianos
El taller, organizado por la Universidad de O'Higgins, cerró la etapa de elicitación de expertos del proyecto internacional SVAR, que busca reducir en un 25% el consumo de antimicrobianos en la industria del salmón.
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• El taller, organizado por la Universidad de O’Higgins, cerró la etapa de elicitación de expertos del proyecto internacional SVAR, que busca reducir en un 25% el consumo de antimicrobianos en la industria del salmón.
La Universidad de O’Higgins (UOH) organizó en Puerto Montt un taller de trabajo que reunió a médicos veterinarios con amplia experiencia de campo en la industria salmonicultora nacional. La actividad correspondió a la etapa final del proceso de elicitación de expertos, una de las líneas con que el proyecto internacional SVAR (Surveillance, alert and response system to reduce the use of antimicrobials in Chilean salmon farming) busca identificar las prácticas y factores que influyen en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura chilena.
El trabajo se estructuró en dos ámbitos: un primer grupo de factores preventivos, orientados a evitar que la enfermedad ocurra, y un segundo que opera una vez tomada la decisión de tratar, buscando optimizar el tratamiento hacia un menor uso de antimicrobianos, especialmente frente a brotes de Piscirickettsiosis (SRS), una de las patologías de mayor impacto sanitario y productivo para el sector.
El conocimiento práctico aportado por los veterinarios se integra a la revisión sistemática que el equipo desarrolla en paralelo sobre las medidas que reducen la frecuencia de enfermedades bacterianas en salmones de cultivo y las tecnologías que permiten disminuir las dosis una vez que se ha decidido tratar.
El equipo de la UOH a cargo de esta línea está integrado por el académico del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3), Gabriel Arriagada, y los médicos veterinarios Ismael Maldonado y Fabián Flores (ambos profesionales del proyecto), quienes condujeron la presentación de resultados y las instancias de discusión con los expertos.
“Ya cumplimos con la primera etapa, que consistió en revisar los trabajos científicos publicados, pero existe un conocimiento más bien práctico que esos artículos no recogen y que también es necesario para evaluar la problemática como un todo”, explicó Ismael Maldonado.
“El conocimiento que nos entregaron los colegas de la industria va en esa otra línea: Es el trabajo que ellos realizan en terreno y las dificultades que enfrentan en el día a día con las herramientas que tienen”, puntualizó el médico veterinario.
El profesional detalló que el taller incluyó un resumen y análisis de las respuestas del cuestionario aplicado previamente, además de la profundización en temas de particular interés para el equipo. Toda esa información, precisó, se integrará con los resultados de la revisión sistemática para evaluar la problemática de manera conjunta.
La actividad se enmarca en el objetivo central de SVAR, que apunta a reducir en un 25% el consumo de antimicrobianos en la industria del salmón mediante la identificación de medidas costo-efectivas que permitan a las empresas optar por estrategias innovadoras y sostenibles. La UOH lidera dos paquetes de trabajo del proyecto y tiene a su cargo la elaboración de un listado detallado de medidas, con información sobre su efectividad y sus costos, que sirva de base para las decisiones de la industria. Maldonado aclaró que la priorización final de medidas concretas será resultado de integrar esta información con los análisis de costo y regulación que desarrollan en paralelo los demás equipos del consorcio.
“El siguiente paso dentro de este work package es realizar un estudio epidemiológico con datos de la industria, buscando asociaciones y factores que no hayamos visto o comprobando la información obtenida en los procesos previos”, señaló Maldonado.
En paralelo, la Universidad de Concepción trabaja en un análisis de costos, la Universidad de Chile aborda la legislación e indicadores, y SERNAPESCA coordina y avanza en la plataforma digital del programa, que incorpora un sistema de clasificación sanitaria tipo semáforo para categorizar los centros según su nivel de consumo de antibióticos y entregar alertas tempranas.
“La integración de toda esta información dará como resultado un piloto de SVAR para aplicar en la industria, que esperamos genere un impacto en la disminución del uso de antimicrobianos”, puntualizó Maldonado.
El proyecto es financiado por el International Centre for Antimicrobial Resistance Solutions (ICARS), con sede en Dinamarca, y con esta participación la Universidad de O’Higgins refuerza su compromiso con la investigación aplicada y su posición en un consorcio internacional orientado a soluciones sostenibles para los sistemas productivos del país.
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Saber másChile y México avanzan en el control sostenible de parásitos en la ganadería ovina del secano costero
· Bajo el enfoque de Una Salud, un proyecto de cooperación internacional busca reemplazar la desparasitación calendarizada por decisiones sanitarias basadas en evidencia.
El control de vectores y de nemátodos gastrointestinales en pequeños rumiantes es uno de los principales desafíos sanitarios de la ganadería ovina en la Región de O’Higgins. En ese marco se desarrolla el proyecto “Intercambio de tecnología para el control de vectores y nemátodos gastrointestinales”, financiado por el Fondo Chile-México y coordinado por las agencias de cooperación de ambos países, AGCID y AMEXCID, y que es liderado por la académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins, Dra. Gemma Rojo, junto a equipos mexicanos en la construcción de estrategias de manejo efectivas y, a la vez, sostenibles para los productores y el ambiente.
Como parte de esta iniciativa se realizó el taller “Manejo y Control Integrado de Parásitos en Pequeños Rumiantes”, en las dependencias del exinternado Municipal de Marchigüe, que reunió a productores ovinos y equipos técnicos en torno a estrategias de manejo sostenible del rebaño.
La investigadora explicó que el trabajo parte de una brecha detectada al inicio de la iniciativa, que es la falta de información local actualizada sobre los parásitos presentes en los rebaños. “Sin conocer qué parásitos están circulando en el territorio, es difícil orientar adecuadamente las estrategias de manejo y control”, destacó Rojo.
Esa caracterización ya fue realizada y sus resultados serán publicados próximamente y compartidos con productores, equipos técnicos e instituciones. En este avance ha sido clave la colaboración del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Hidango, que ha permitido desarrollar la investigación en condiciones productivas reales del secano costero.
Durante la jornada se trabajó en herramientas que permiten decidir cuándo tratar y comprobar si el tratamiento funcionó, en lugar de depender de la desparasitación por calendario. Entre ellas, destaca el examen coproparasitario, que estima la carga parasitaria del rebaño antes y después de tratar.
Rojo indicó que “la idea no es eliminar completamente el uso de medicamentos, sino utilizarlos de manera más racional y complementarlos con otras estrategias”. En esa línea, el equipo estudia el cultivo del hongo ostra, Pleurotus spp., como una posible herramienta natural y complementaria para el control de nemátodos gastrointestinales.
Ese componente fue abordado en terreno por Coco Sepúlveda, socio fundador de Hongo Chile, granja de hongos comestibles y medicinales, quien dictó una charla sobre el cultivo del hongo ostra dirigida a los productores ovinos. La instancia buscó acercar esta práctica a los asistentes y motivarlos a desarrollar sus propios cultivos. “La gracia de estos hongos es que pueden servir a nivel de protección de ciertos animales y, por otro lado, tienen todo el valor nutricional y gastronómico para que las mismas personas los puedan consumir”, señaló Sepúlveda.
La Dra. Rojo relevó que la colaboración con México ha permitido compartir experiencias y tecnologías desarrolladas en ambos países, tanto en el control de nemátodos como en la vigilancia de vectores, y precisó que “la idea no es trasladar soluciones de manera automática, sino evaluarlas, adaptarlas y validarlas de acuerdo con las condiciones productivas, ambientales y sociales de cada territorio”.
Del laboratorio al predio
El proyecto busca traducir este conocimiento en decisiones de manejo aplicables en los predios. Los resultados se compartirán con productores y con actores como el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), a través del Programa de Desarrollo Local (PRODESAL), INIA, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y los municipios vinculados a la ganadería ovina, de modo que la información no quede únicamente en publicaciones científicas.
Adolfo Jorquera, productor de la comuna de Pumanque, valoró el aporte de la jornada y destacó que “el tema de los hongos y las distintas charlas, todo muy bueno; para nosotros esto es muy valioso”. Mientras que Carlos Vidal, productor del sector de Matancilla, de la comuna de Litueche, relevó el interés que despertó el uso de hongos. “Esta charla es muy beneficiosa, porque hay cosas que debemos aprender. Me llevo una buena imagen para, si es posible, producirlos y que nos ayude para nuestra comunidad”.
Rojo afirmó que “no buscamos realizar una actividad aislada, sino construir un trabajo sostenido en el tiempo, conectado con las necesidades reales del territorio y basado en la colaboración”. Desde la mirada de Una Salud, el objetivo es contribuir a una producción ovina que proteja la salud de los animales, sea viable para las familias productoras y considere el cuidado del ambiente.
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Saber másSeminario ICA3 abordó el rol del óxido nítrico en la formación de raíces del tomate bajo déficit hídrico
• Bajo el título “Raíces bajo estrés: rol del óxido nítrico en la organogénesis de raíces laterales bajo déficit hídrico”, el investigador postdoctoral Carlos Rubilar Hernández expuso los avances de un proyecto Fondecyt de Iniciación enfocado en un cultivo clave para la Región de O’Higgins.
En una nueva edición del seminario mensual del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins, realizada el 19 de agosto en el Auditorio Campus Colchagua, el investigador postdoctoral Carlos Rubilar Hernández expuso los avances de un proyecto Fondecyt de Iniciación del cual es investigador responsable.
Su investigación aborda el rol del óxido nítrico en la formación de las raíces laterales del tomate, órganos que permiten a la planta captar agua y nutrientes desde el suelo, por lo que su estudio resulta clave para un cultivo relevante tanto para la Región de O’Higgins como para el país.
“El resultado principal por el momento es que, al utilizar un dador de óxido nítrico, es decir, al aumentar la concentración de esta molécula en momentos tempranos del desarrollo del tomate, este responde aumentando la formación de primordios y de raíces laterales en un contexto de déficit hídrico moderado para la planta”, explicó el investigador.
La instancia se enmarca en el ciclo de seminarios mensuales del ICA3, espacio en que investigadores del instituto comparten los avances de sus líneas de trabajo.
Los resultados presentados marcan el cierre de la primera etapa del proyecto Fondecyt de Iniciación, cuyas fases siguientes profundizarán en el estudio de esta molécula.
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Saber másExpertas advierten que la aflatoxina del maní contaminado no se ve, no se huele y resiste la cocción
Tras la alerta sanitaria por maní tostado contaminado, especialistas del Laboratorio de Inocuidad Alimentaria (LIA) de la Universidad de O’Higgins explican por qué esta toxina es indetectable a simple vista, cancerígena en el consumo prolongado y por qué tostar o hervir el alimento no la elimina.
La reciente alerta por maní tostado contaminado con aflatoxinas volvió a poner el foco en un riesgo alimentario silencioso. Se trata de sustancias químicas altamente tóxicas producidas por hongos filamentosos que crecen en cultivos de origen vegetal, como cereales, frutos secos y condimentos, sobre todo cuando se combinan altas temperaturas y humedad en el almacenamiento. A diferencia del hongo, que puede verse como pequeñas formaciones verdes o blancas, la toxina no se ve, no se siente ni se huele.
Claudia Foerster, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH) y directora del LIA, precisa que el hongo puede ser dañino por dos vías. Aspirar sus esporas puede provocar aspergilosis, una neumonía grave y difícil de diagnosticar y tratar; y, en el caso de los alimentos, el mayor peligro está en el compuesto que libera. Las aflatoxinas provienen principalmente de especies del género Aspergillus y, a diferencia de las bacterias, no corresponden a un microorganismo vivo, sino a un veneno químico presente en el alimento.
“Las aflatoxinas son altamente peligrosas para la salud. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) las clasifica en el Grupo 1 de carcinógenos, lo que confirma de forma concluyente que su consumo crónico, es decir, ingerir pequeñas dosis a lo largo del tiempo, es una causa directa de cáncer de hígado en seres humanos”, advierte Foerster. La académica agrega que pertenece al grupo de investigación que fue el primero en asociar la presencia de aflatoxinas con el cáncer de vesícula biliar en Chile, una relación confirmada más tarde en otros países y hoy considerada una línea de estudio prioritaria por la propia IARC.
Ese hallazgo se enmarca en una línea de investigación que Foerster desarrolla en el LIA junto a Liliam Monsalve, asistente de investigación de la sección de Micotoxinas del mismo laboratorio. De acuerdo con la académica, entre los distintos peligros alimentarios las micotoxinas han sido la línea que más ha desarrollado el equipo durante los últimos ocho años, con la mayor cantidad de investigación y publicaciones científicas. Ese trabajo se ha traducido en diversos proyectos en los que han detectado micotoxinas tanto en alimentos como, a través del biomonitoreo, en fluidos humanos, lo que da cuenta de una exposición constante de la población a estas sustancias y confirma que la vigilancia debe ser continua y abarcar toda la cadena productiva, tanto de productos nacionales como importados.
La investigadora añade que la presencia de estas toxinas no se limita a los productos de origen vegetal. La aflatoxina y otras micotoxinas también pueden encontrarse en la leche y sus derivados, ya que, cuando los animales consumen granos contaminados como el maíz, los metabolitos de estas sustancias se excretan a través de la leche.
Foerster subraya que en Chile no existen registros de aflatoxicosis aguda, la intoxicación grave que se produce al consumir altas concentraciones en poco tiempo. Sin embargo, en regiones como África esta condición provoca una elevada mortalidad, que afecta principalmente a niños pequeños por su alta vulnerabilidad.
Por su parte, Monsalve explica el origen de la contaminación en el caso puntual del maní. Al desarrollarse bajo tierra, el fruto puede contaminarse desde el propio suelo, aunque el gran detonante ocurre cuando hay fallas en la cosecha, el secado, el transporte o el almacenamiento, especialmente en ambientes con alta humedad y temperaturas elevadas que estimulan la proliferación del hongo.
“Un punto crítico para la comunidad es que, si bien el tostado elimina al hongo, la toxina resiste el calor. Por ello, hervir, tostar o procesar el alimento en casa no destruye la aflatoxina”, enfatiza Monsalve. La especialista aclara que, como estas toxinas no alteran el olor, el sabor ni la apariencia de los alimentos, resulta imposible detectarlas en el hogar a simple vista, por lo que los análisis de laboratorio son la única herramienta para identificarlas.
En esa línea, Monsalve valora la existencia de programas de vigilancia del Ministerio de Salud, pero advierte que la alta diversidad de alimentos comercializados, especialmente los importados, exige robustecer estos mecanismos. Añade que el foco debe apuntar a generar una cultura de inocuidad que evalúe rigurosamente los procesos productivos y no solo el producto final, junto con una revisión continua de las normativas vigentes.
Frente a este escenario, las especialistas coinciden en una recomendación práctica para la comunidad: si se observa un alimento con hongos, se debe desechar por completo. Cortar o retirar solo la parte mohosa no elimina las micotoxinas, ya que estas se difunden por todo el producto. La clave, señalan, es inspeccionar y seleccionar cuidadosamente los granos, sobre todo en frutos secos como el maní, antes de consumirlos.
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Saber másInvestigador del ICA3 publicó artículo de los más citados en el último año en el campo de la Química
- El texto del investigador Felipe Puga recibió suficientes citas para ser considerado dentro del 1% de las mejores publicaciones en el campo académico de Química, según los indicadores de Web of Science.
La fotocatálisis es un proceso de oxidación avanzada utilizado para degradar contaminantes presentes en el agua: al iluminar un catalizador dentro de un medio acuoso, se generan una serie de especies reactivas que pueden degradar los compuestos orgánicos y los microorganismos en el agua.
Para evaluar la influencia de cada una de estas especies reactivas en el proceso de fotocatálisis, es común realizar un análisis utilizando diferentes compuestos químicos que (en teoría) reaccionan selectivamente con una sola especie reactiva, impidiendo que esta participe en el proceso. Fue al realizar ese tipo de ensayos que Felipe Puga, investigador postdoctoral del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins, comenzó a advertir inconsistencias en los resultados que otorgaban estas pruebas.
Puga señaló que al agregar estos compuestos “me di cuenta de que no solo se lograba la captura de una especie, sino que también se generaban cambios en todo el proceso, incluyendo en algunos casos cambios de color en la solución que se quería tratar. Estudiando muchas referencias, también observé que no existe consenso sobre qué compuestos ni qué concentraciones usar para cada especie reactiva”.
Sobre esa base, el artículo propone dejar de considerar a los captadores como herramientas selectivas y estudiarlos como especies interferentes. La evidencia presentada en el artículo indica que los compuestos adicionados como captadores no sólo reaccionan con las especies reactivas objetivo, sino que también participan en otras reacciones, como puede ser otra especie reactiva, el contaminante en estudio o con la superficie del fotocatalizador.
Consultado por las alternativas para identificar el mecanismo de fotodegradación de manera confiable, el investigador reconoció que las opciones son limitadas: existe un equipo capaz de detectar directamente los radicales libres, la resonancia paramagnética electrónica, conocida por su sigla en inglés EPR, pero su baja disponibilidad en universidades y centros de investigación mantiene a los captadores como el método más recurrente.
Puga precisó que “si bien nuestro artículo es una crítica a este análisis, también señalamos que los resultados obtenidos pueden ser interesantes, pero no pueden tomarse como conclusiones completamente fiables”.
La revisión abre una interrogante sobre el enorme volumen de estudios que sustentaron sus conclusiones mecanísticas en el uso de captadores. Lejos de invalidarlos por completo, el trabajo apunta a que esas interpretaciones sean revisadas con mayor rigurosidad, tal como concluyó el investigador: “el objetivo principal de esta publicación fue demostrar que ninguno de los captadores atrapa de forma selectiva una sola de las especies reactivas, por lo que la interpretación de los resultados de las publicaciones que usaron este análisis debería considerarse cuidadosamente”.
De cara a lo que viene, este trabajo sienta un precedente para que las próximas investigaciones en fotocatálisis avancen hacia métodos más precisos para identificar los mecanismos de degradación.
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Saber másAcadémica explica los riesgos de la Listeria tras la alerta alimentaria del Minsal
- Claudia Foerster advierte que la bacteria detectada en un lote de queso mantecoso laminado puede sobrevivir en refrigeración y afecta con mayor gravedad a embarazadas, adultos mayores y personas con defensas bajas.
La reciente alerta alimentaria emitida por el Ministerio de Salud (Minsal), por la presencia de Listeria monocytogenes en un lote de queso mantecoso laminado, volvió a poner el foco en un patógeno poco frecuente, pero potencialmente grave. Para entender por qué esta bacteria genera tanta preocupación sanitaria, la Dra. Claudia Foerster, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins (UOH), explica sus principales características.
“La Listeria monocytogenes es una bacteria que puede estar presente en el ambiente y contaminar distintos alimentos, en particular aquellos listos para el consumo, es decir, que no se cocinan antes de comerlos”, señala la Dra. Foerster.
La académica agrega que su peligrosidad radica en la capacidad de propagarse dentro del organismo. “En algunas personas, sobre todo las que tienen baja inmunidad, no se queda únicamente en el intestino, puede pasar a la sangre y llegar a otros órganos, como el cerebro o la placenta. Por eso, aunque la listeriosis no es una de las infecciones alimentarias más frecuentes, cuando se vuelve invasiva puede ser muy grave y provocar septicemia o meningitis”, detalla.
Sobre cómo la bacteria llega a un producto como el queso, la investigadora apunta a dos vías principales. “La contaminación puede ocurrir porque se utilizó leche cruda o no pasteurizada, o porque el alimento se contaminó después de la pasteurización, durante su elaboración, manipulación o envasado”.
A esto se suma una característica que la vuelve especialmente difícil de controlar. “La Listeria puede permanecer bastante tiempo en los ambientes donde se procesan alimentos, sobre todo en superficies húmedas y equipos difíciles de limpiar, protegida en biopelículas. Una de sus particularidades más importantes es que puede sobrevivir e incluso multiplicarse en el refrigerador. A temperaturas bajo cero detiene su multiplicación, pero no muere”, explica la investigadora.
Consultada sobre qué hacer ante un producto afectado, la académica es enfática: “si tengo en mi casa un producto que ha sido retirado por Listeria, la recomendación principal es no consumirlo, aunque tenga buen aspecto, olor o sabor, y seguir la indicación de la autoridad sanitaria respecto de su devolución o eliminación. También conviene revisar si estuvo en contacto con otros alimentos y limpiar cuidadosamente la zona del refrigerador donde se almacenó”.
Respecto de los síntomas, la académica advierte que pueden variar en intensidad y aparecer de forma tardía. “Pueden ser relativamente leves, como fiebre, malestar general o molestias gastrointestinales, pero cuando la infección se vuelve invasiva aparecen signos más graves, como fiebre alta, rigidez de cuello, confusión o convulsiones, que requieren atención médica. Además, los síntomas pueden manifestarse varios días o semanas después de consumir el alimento, por lo que a veces es difícil relacionarlos con lo que se comió”.
Sobre por qué ciertos grupos deben extremar las precauciones, la Dra. Foerster menciona que “las embarazadas, los adultos mayores, los recién nacidos y las personas con el sistema inmunológico debilitado son más vulnerables porque sus defensas tienen menor capacidad para contener la bacteria. En el caso de las embarazadas, además, la Listeria puede atravesar la placenta y afectar directamente al feto, incluso cuando la madre presenta síntomas leves”.
La alerta sanitaria refuerza la importancia de atender las indicaciones de la autoridad y de mantener buenas prácticas de conservación y manipulación de alimentos en el hogar, especialmente en aquellos productos listos para el consumo.
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- El académico Alejandro Venegas sostiene que las áreas silvestres protegidas cumplen funciones esenciales para la sociedad, regulan el agua, almacenan carbono y sostienen la biodiversidad.
Chile concentra una amplia diversidad de ecosistemas, especies y paisajes que van desde el desierto hasta los bosques australes, un patrimonio que las Áreas Silvestres Protegidas (ASP) resguardan a lo largo del territorio.
Los parques y reservas públicas, históricamente administrados bajo el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), se cuentan entre las áreas protegidas más antiguas del país y han sido clave para la conservación de los ecosistemas y el desarrollo del turismo de naturaleza. Actualmente, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) administra 110 áreas silvestres protegidas del Estado, correspondientes a 46 parques nacionales, 45 reservas nacionales y 19 monumentos naturales, que suman 18,8 millones de hectáreas, equivalentes al 21% del territorio nacional.
En la Región de O’Higgins destaca la Reserva Nacional Río de los Cipreses, creada en 1985, que protege cerca de 38.600 hectáreas de ecosistemas cordilleranos, incluyendo bosquetes milenarios de ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) y hábitats para especies como el guanaco, puma, zorro culpeo, cóndor y loro tricahue. La reserva también alberga 42 glaciares, siendo el más importante el glaciar Cipreses, que constituyen importantes reservas naturales de agua y contribuyen al funcionamiento de la cuenca del Cachapoal y al mantenimiento de los humedales y ecosistemas de altura.
Sobre su importancia, Alejandro Venegas González, académico del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), plantea que conservar no solo se limita a proteger especies o paisajes sino que entender los procesos y funciones que sostienen estos ecosistemas, dado que “las áreas silvestres protegidas nos entregan servicios fundamentales para nuestra sociedad: regulan el agua, almacenan carbono, protegen los suelos, contribuyen a la regulación climática y ofrecen espacios para la recreación, la educación y la investigación científica”.
El investigador apunta a un cambio de mirada. “Un parque o una reserva nacional no es solamente un lugar bonito para visitar; es un ecosistema que cumple funciones esenciales para toda la sociedad y que requiere protección, conocimiento y manejo responsable”.
Ese llamado adquiere relevancia frente a las amenazas que enfrentan hoy estas áreas, como el cambio climático, la sequía, los incendios, las especies invasoras y la creciente presión humana. A ello se suman los impactos que generan los propios visitantes al dejar basura, encender fuego en lugares no autorizados, salir de los senderos o interferir con la fauna, acciones que parecen menores, pero que acumuladas producen efectos importantes sobre los ecosistemas.
En el caso de Chile central, Venegas González advierte que la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas han incrementado el estrés de la vegetación, su vulnerabilidad frente a incendios y la modificación en la composición y el funcionamiento de los bosques. No obstante -matiza- el año 2026 ha presentado precipitaciones abundantes y una buena reserva de nieve, “lo que podría representar una ventana de oportunidad para favorecer los procesos naturales de recuperación de los ecosistemas y fortalecer su resiliencia”.
De cara a quienes planean visitar un parque, el académico entrega recomendaciones concretas: informarse antes de ir y respetar las normas del lugar, mantenerse en los senderos durante la visita, no alimentar a los animales y no extraer elementos naturales como hojas, rocas o semillas. “Disfrutar del parque tratando de dejar la menor huella posible”, resume el investigador.
Desde el ICA3, el Día de los Parques Nacionales se plantea como una ocasión para acercar el conocimiento científico a las decisiones cotidianas de la ciudadanía. Comprender cómo funcionan estos ecosistemas, qué amenazas enfrentan y cómo influye el comportamiento de cada visitante.
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Saber másEstudio revela que la contaminación por metales ralentiza hasta tres veces la actividad microbiana y funciones del suelo
- El estudio, uno de los más citados a nivel mundial en el área de Ecología y Ambiente, cuantifica cómo la contaminación deteriora la actividad enzimática del suelo.
El investigador Humberto Aponte, del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales de la Universidad de O’Higgins (UOH), fue parte de un metaanálisis global que reunió y sistematizó la evidencia científica disponible a nivel mundial sobre el efecto de los metales pesados en la actividad enzimática del suelo, una función clave para la fertilidad y el equilibrio de los ecosistemas.
El trabajo abordó una pregunta con escasos antecedentes en Chile: cómo los metales y metaloides afectan procesos del suelo mediados por microorganismos. Frente a una literatura internacional heterogénea, el equipo optó por un metaanálisis, herramienta que integra numerosos estudios para estimar un efecto promedio y detectar tendencias sólidas que un trabajo aislado no alcanza a mostrar.
Con ese enfoque, la investigación logró cuantificar cómo la contaminación deteriora la actividad enzimática del suelo, un patrón que luego se confirmó en Puchuncaví y que abre pistas para diseñar estrategias de recuperación más precisas.
“Opté por un metaanálisis para sintetizar la evidencia global y obtener tendencias sólidas que orienten futuros experimentos, evaluando cómo variables como tipo de suelo, metal o concentración modulan el efecto de la contaminación por metales sobre la actividad enzimática en distintos contextos, algo que ningún estudio individual puede mostrar con la misma potencia estadística”, destacó Aponte.
Entre los resultados, el trabajo constató que las enzimas que operan dentro de las células microbianas se ven hasta dos veces más afectadas que aquellas que actúan fuera de ellas. La explicación está en la estabilización. Las enzimas extracelulares forman complejos con la materia orgánica y las arcillas del suelo, lo que les permite mantener su actividad durante meses, mientras que las intracelulares dependen del estado fisiológico de los microorganismos.
Al respecto, el académico indicó que “cuando el suelo presenta altos niveles de metales, las células microbianas se ven afectadas y disminuye de manera marcada la actividad de las enzimas intracelulares, mientras que las extracelulares pueden permanecer activas gracias a su estabilización en la matriz edáfica”.
En el plano local, la investigación se vincula con la realidad de los suelos degradados en Chile, particularmente en Puchuncaví, un territorio afectado por una exposición prolongada a emisiones industriales. Los patrones globales identificados en el metaanálisis se replicaron luego, con notable consistencia, en un estudio posterior realizado en ese valle.
Sobre este punto, el investigador explicó que la contaminación en la zona ha derivado en una degradación química, biológica y también física, y destacó que el trabajo sentó las bases para “construir índices de calidad aplicables para la academia y para tomadores de decisiones en sitios con contaminación similar a nivel nacional”.
Un hallazgo con implicancias directas para la recuperación de terrenos es que la contaminación retrasa de forma desigual los ciclos del carbono, el azufre, el nitrógeno y el fósforo. Ese desacople genera un desequilibrio que, aun existiendo materia orgánica, mantiene nutrientes esenciales en formas que las plantas no pueden aprovechar, lo que limita el desarrollo vegetal y deja el suelo más expuesto a la erosión.
En esa línea, el académico enfatizó que la alteración desigual de los ciclos invalida las soluciones genéricas y obliga a diseñar estrategias de biorremediación específicas, ya sea mediante bioestimulación o inoculación microbiana dirigida, que “reactiven la función enzimática del ciclo más afectado y permitan recuperar la funcionalidad ecológica del ecosistema”.
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