Universidad de O’Higgins teje solidaridad con las personas mayores
• A través de un trabajo colaborativo, la agrupación “Teje que teje” y el voluntariado “Salud en Acción” de la Escuela de Salud de la UOH confeccionaron mantas para las personas mayores del Hogar San Miguel de Rancagua.
La curiosidad de estudiantes de la UOH sobre la ropa tejida que usaban sus docentes, Marcia López y Yorma Alcaraz, dio origen a un punto de encuentro de las profesoras con futuras profesionales para tejer los días viernes, hace ya cuatro años.
Así, aprendieron a crear con palillos y con crochet, dando vida a sus ideas en el horario protegido, como recuerda Yorma: “Un día nos dijeron si podíamos enseñarles a tejer, que a ellas les interesaba, y nos empezamos a juntar en una esquinita del hall del Edificio B de la Universidad”.
Como detalla la profesora Alcaraz, el tejido “fue la excusa para que naciera una comunidad alrededor de los palillos y el crochet y que surgiera la idea de aportar con nuestro trabajo”. Así, pero hace cuatro años atrás, tejieron mantas para los damnificados del temporal invernal.
Comunidad universitaria que teje
Y este año, “Teje que Teje” invitó al “Voluntariado Salud en Acción”, que integran estudiantes de la Escuela de Salud de la UOH, a tejer. “Fue tanto el entusiasmo de los estudiantes, a los que se sumaron funcionarias y funcionarios y también mamás y abuelitas de las y los tejedores, que se logró juntar más de 700 cuadrados de lana -de 20 por 20 centímetros- que se convirtieron en coloridas mantas que llevaremos al Hogar San Miguel”, relata entusiasmada Marcia López.
Tamara Puga, Gestora de Talento Estudiantil de la Escuela de Salud, señala que “parte de nuestros objetivos es generar identidad dentro de la Escuela, que nuestras y nuestros estudiantes sientan orgullo de su Universidad y de quienes los forman. Y también es importante generar espacios en los que interactúen entre distintas carreras. Y el voluntariado tiene de aquello: genera identidad, genera comunidad e intercambio, tanto de conocimientos disciplinares como también de experiencias y amistades. Así, esta iniciativa -de Teje que teje y Salud en acción- unió a las personas en pos de un objetivo noble, se generó este espacio de encuentro entre estudiantes con sus profesoras y entre estudiantes de distintas carreras, que probablemente en otras instancias no se dé”.
La experiencia
En palabras de las estudiantes de Medicina, Javiera Carrillo e Isidora Rodríguez, la experiencia fue muy positiva. “Fue una actividad que disfruté mucho, porque creo que estos espacios nos permiten conocer a otras personas, compartir nuestras experiencias y descubrir que, aunque vengamos de carreras distintas, hay cosas que nos unen. Para mí, eso hace que la Universidad se sienta mucho más cercana. Y en este caso, tener además un propósito -como es entregar abrigo a los adultos mayores del Hogar San Miguel- hizo que el encuentro semanal tuviera un sentido compartido, que nos uniera aún más y que la experiencia fuera mucho más significativa”, dijo Javiera Carrillo.
Por su parte, Isidora agregó que “participar en el proyecto ‘Teje que teje’, junto al voluntariado Salud en Acción, fue una experiencia maravillosa. Logró reunir a personas de distintas carreras y también personas externas a la Universidad, como son nuestros familiares, bajo un mismo propósito: entregar abrigo y cariño a los adultos mayores. Estoy muy agradecida de las profesoras, quienes siempre estuvieron dispuestas a enseñarnos y ayudarnos. Para mí, además, significó reencontrarme con el tejido, algo que la profesora Marcia me hizo amar nuevamente”.
Y tras la exposición de los coloridos tejidos en el hall del Edifico A de la UOH, “las mantas serán entregadas a las personas mayores del Hogar San Miguel de Rancagua, que es un hogar donde nosotros como voluntariado vamos a hacer nuestros talleres de promoción y prevención en salud y donde nos reciben con mucha disposición y cariño”, puntualizó Tamara Puga.
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Saber másSalud sexual: UOH promueve jornada de prevención, información y toma de decisiones responsables
• Estudiantes participaron en una actividad que integró prestaciones sanitarias, capacitación, orientación y reflexión sobre el autocuidado.
En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, la Universidad de O’Higgins desarrolló, a través de la Unidad de Salud Estudiantil de la DAE-UOH, una jornada que reunió prevención, atención y formación para su comunidad universitaria. La actividad contempló test rápidos de VIH realizados por el CESFAM 4, vacunación contra la influenza, orientación sanitaria, EMPA y stands informativos, además de la entrega de certificados a 42 estudiantes de la Escuela de Salud tras aprobar la capacitación en “Test Rápido Visual de VIH”, impartida por el Programa Nacional de Prevención y Control de VIH/SIDA e ITS de la Seremi de Salud de O’Higgins.
La coordinadora de la Unidad de Salud Estudiantil de la DAE-UOH, Marisel Cornejo, puso en valor la colaboración con la Seremi de Salud, tanto para ampliar las capacitaciones dirigidas a estudiantes como para fortalecer la implementación de prestaciones en salud sexual en la UOH. “Su acompañamiento nos ha permitido fortalecer nuestras acciones de promoción, prevención y educación en salud sexual y reproductiva como las desarrolladas hoy en nuestra casa de estudios”, señaló, destacando que esta articulación acercó información, herramientas y atención oportuna a la comunidad universitaria.
Prevención estudiantil
Desde la experiencia de quienes se están formando para desempeñarse en el área de la salud, la estudiante de segundo año de Tecnología Médica, Sofía Álvarez, quien recibió uno de los certificados en “Test Rápido Visual de VIH”, valoró contar con espacios que complementen la formación académica y permitan actualizar conocimientos vinculados con la prevención. Para la estudiante, este tipo de jornada “adquiere especial valor entre quienes nos preparamos para trabajar en salud, considerando el aumento de casos de VIH e ITS en la región. De modo que es muy importante mantenernos informados y en constante formación profesional”.
Bárbara Cabezas Vargas, estudiante de cuarto año de Terapia Ocupacional, puso el foco en acercar las prestaciones sanitarias al espacio universitario, especialmente cuando facilitan el acceso a herramientas concretas de prevención. La estudiante mencionó que “facilitar el acceso a test rápidos de VIH con resultados en minutos constituye un gran aporte para la comunidad estudiantil”. Agregó que, aunque este tipo de iniciativas ha ido cobrando mayor presencia en la UOH, “siempre es importante fomentarla de manera constante en el marco de la prevención en salud sexual e integral”.
Abordando la temática
Entre tanto, la jefa de la carrera de Tecnología Médica y consejera en VIH, Natalia Sills destacó el desarrollo de la jornada y la posibilidad de abordar la salud sexual mediante distintas acciones dirigidas a la comunidad universitaria. La docente resaltó la necesidad de dar continuidad a este tipo de encuentros, especialmente porque “es muy importante que la juventud tome decisiones cada vez más responsables acerca del cuidado de su vida y salud sexual, de tal modo que, al cuidarse, también cuiden de sus parejas”.
Mientras, para la directora (s) de Equidad de Género y Diversidades UOH, Constanza Lizana Tomasevich, esta jornada trascendió la propia conmemoración del Día Mundial de la Salud Sexual, insertando una comprensión más amplia que no solo sensibilizó a la comunidad universitaria en esta materia, sino que también fortaleció los vínculos con la red pública de salud. Lo cual, a su juicio, “adquirió una gran relevancia, porque no hablamos solo una actividad en concreto, sino de varias que nos permitieron fortalecer lazos con los servicios de salud regional abordando una instancia de participación conjunta”.
Preservativo a la mano
La jornada también sumó una dimensión cultural y reflexiva con la puesta en escena de ¿Qué pasó anoche?, obra del Grupo Alegría Teatro de Santiago, que tuvo al “preservativo” como leitmotiv, presentado como un elemento que puede marcar la diferencia en materia de salud sexual. La pieza llevó al escenario situaciones vinculadas con la vida sexual, sus decisiones y consecuencias, abriendo un espacio para pensar el consentimiento, la prevención y la responsabilidad desde una perspectiva cercana. Más que entregar respuestas, la representación invitó a mirar las propias decisiones y sus efectos, dejando como mensaje final que al “Aprender a cuidarnos, es también cuidar de los demás”.
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Saber másRedes sociales, smartphones y salud mental: la preocupación que ya cruzó la pantalla y llegó a la vida cotidiana de los chilenos
- La última encuesta CADEM reveló un amplio respaldo ciudadano a limitar el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales y restringir el uso de celulares en los colegios. Para el académico Jorge Gallardo el debate va más allá de las prohibiciones: “Estamos frente a un fenómeno social real y de gran magnitud que comienza a mostrar consecuencias en la salud mental y en la manera en que las personas se relacionan”.
Hay una escena que se ha vuelto habitual en Chile: un niño mirando la pantalla de un teléfono mientras espera en un restaurante, un adolescente recorre las redes sociales en el transporte público o un adulto revisa su dispositivo mientras alguien intenta conversar con él. Lo que hace algunos años podría parecer una nueva costumbre tecnológica, hoy se observa de otra manera, como parte de una transformación profunda de la vida cotidiana.
Los datos de la última encuesta CADEM, que ahondó lo que piensan los chilenos sobre redes sociales y menores de edad, muestran hasta qué punto esta preocupación se ha instalado en la sociedad chilena. El 88% de los encuestados está de acuerdo con prohibir el acceso a redes sociales a menores de 13 años. La cifra alcanza 69% cuando se trata de menores de 16 años y 47% para menores de 18.
Para Jorge Gallardo, académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), lo relevante no es solamente el porcentaje de personas que respaldan una restricción, sino el nivel de consenso que aparece en torno al problema. “Pocas veces en las encuestas de opinión se observa una tendencia tan marcada respecto de un determinado tema. Cuando observamos las preguntas relacionadas con el uso del teléfono y la disposición de las personas a establecer restricciones o incluso prohibiciones, encontramos un amplio consenso”, señala.
A su juicio, los resultados pueden leerse como una señal de que la discusión dejó de ser una preocupación abstracta asociada a las nuevas tecnologías. “No estamos solamente frente a una preocupación, sino también frente a un problema que está siendo reconocido por una parte importante de la población chilena: el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales”, añade.
Teléfono como entorno
El fenómeno tiene una particularidad: el smartphone ya no es solamente un aparato que permite comunicarse. Se ha convertido en una puerta de entrada permanente a información, entretenimiento, relaciones sociales y plataformas digitales. Para niños y adolescentes, además, esa exposición ocurre durante etapas particularmente sensibles del desarrollo.
La evidencia citada por el académico apunta a distintos efectos asociados al uso intensivo de redes sociales y teléfonos inteligentes, como el deterioro de las relaciones cara a cara, las dificultades de comunicación dentro de las familias, la disminución de la atención, el peor rendimiento académico y los problemas para desarrollar habilidades socioemocionales.
El académico pone especial atención en los primeros años de vida. “Esta situación resulta particularmente preocupante en niños y niñas de menor edad, especialmente durante etapas tempranas del desarrollo, como ocurre antes de los seis años. Una exposición intensiva al teléfono puede dificultar el desarrollo de habilidades necesarias para relacionarse adecuadamente con otras personas, con su entorno social e incluso con su propia familia”, señala.
Los datos de la encuesta reflejan -precisamente- que el teléfono ya forma parte de la vida digital de una proporción importante de los menores de edad en Chile, y entre los hijos de los encuestados que utilizan internet o redes sociales, las plataformas más mencionadas son YouTube, TikTok e Instagram.
Y el fenómeno no se detiene en las redes sociales. La inteligencia artificial comienza también a incorporarse a ese ecosistema: entre los menores que utilizan redes sociales o tienen acceso libre a internet, 53% usa ChatGPT y 26% Gemini, de acuerdo con la medición.
El problema está en casa
Uno de los aspectos más complejos de esta transformación es que los niños no solamente reciben modelos de comportamiento desde las plataformas digitales. También los reciben de los adultos que los rodean.
Gallardo plantea que la discusión sobre los menores obliga a observar también las prácticas de los padres. “Niños y niñas también aprenden y reproducen comportamientos de los adultos. Si crecen en contextos donde las personas adultas permanecen gran parte del día pendientes del teléfono, es altamente probable que incorporen esas mismas prácticas”, detalla.
La escena puede ser cotidiana y aparentemente inofensiva. Un niño intenta contarle a un adulto cómo estuvo su día mientras este continúa mirando el teléfono. Pero, para el académico, esas pequeñas interrupciones pueden tener consecuencias en la construcción de vínculos y en el desarrollo socioemocional.
“Son experiencias aparentemente pequeñas, pero que muestran cómo estos dispositivos pueden interferir en las relaciones interpersonales y en espacios fundamentales para el desarrollo socioemocional”, asegura el experto.
Salud mental
El punto más delicado aparece cuando el uso intensivo deja de ser solamente una cuestión de hábitos y comienza a relacionarse con el bienestar psicológico. Jorge Gallardo advierte que distintas investigaciones han asociado el uso intensivo de smartphones y redes sociales con sintomatología depresiva y ansiosa. También señala que algunas manifestaciones vinculadas a este uso pueden confundirse con características atribuidas a otras condiciones, como dificultades atencionales o trastornos del espectro autista.
Por eso, plantea que la salud mental no debería entenderse exclusivamente como un fenómeno individual. “La salud mental no constituye un proceso exclusivamente individual ni puramente psicológico. Está relacionada con nuestro entorno, con las condiciones en las que vivimos y con aquello a lo que estamos expuestos cotidianamente”.
Desde esa perspectiva, el teléfono inteligente deja de ser simplemente una herramienta tecnológica y pasa a formar parte del ambiente en el que se desarrolla una persona.
Discutir los límites
La encuesta muestra que la preocupación ciudadana también se traduce en respaldo a medidas concretas. Un 67% considera adecuada la prohibición del acceso a redes sociales para menores de cierta edad; 62% apoya prohibir los celulares durante la jornada escolar; 60% plantea exigir a las plataformas la verificación de edad y 51% considera necesario entregar mayor orientación a padres y apoderados.
En materia escolar, además, existe un respaldo mayoritario a restringir los teléfonos en distintos espacios: 91% está de acuerdo con prohibirlos en las salas de clases, 82% en actividades deportivas escolares, 75% durante toda la jornada escolar y 56% en los recreos.
Pero para Gallardo, la respuesta no puede limitarse a importar modelos extranjeros ni a reaccionar mediante prohibiciones. “Lo primero que podría hacer Chile es revisar la experiencia comparada. Es decir, observar qué medidas han adoptado otros países que llevan cierta delantera en la regulación del uso de teléfonos inteligentes y redes sociales, y analizar cuáles han sido sus resultados”.
Al mismo tiempo, advierte que las soluciones deben considerar la realidad local. “Sería un error trasladar esos programas o medidas directamente a nuestro país. Es fundamental considerar las características particulares de Chile: su población, su cultura y su conformación social”.
El académico propone, además, incorporar esta dimensión a los sistemas de salud y a la evaluación de niños y adolescentes que consultan por problemas de salud mental, así como incluirla en las discusiones sobre el Plan Nacional de Salud Mental.
Aprender a convivir con la tecnología
El desafío, sostiene Gallardo, es evitar que la sociedad llegue siempre después de que una tecnología se haya masificado. “Cuando llegamos al punto de tener que prohibir algo, significa que probablemente llegamos tarde”.
La frase no supone, sin embargo, una invitación a rechazar la tecnología. El académico insiste en que el objetivo debería ser desarrollar una mirada crítica sobre sus efectos, particularmente cuando se trata de niños, niñas y adolescentes.
La advertencia adquiere una dimensión mayor porque el fenómeno no termina en la adolescencia. Los niños que hoy crecen con el smartphone como parte de su vida cotidiana serán los estudiantes universitarios y profesionales de los próximos años. “Si no lo hacemos, en los próximos cinco o diez años podríamos enfrentar consecuencias mucho más complejas en términos de relaciones sociales, empatía, comunicación y capacidad para vincularnos con otras personas más allá de los medios digitales”, detalla el académico.
Para Gallardo, Chile se encuentra frente a una oportunidad: aprovechar la evidencia acumulada durante casi dos décadas de expansión de los teléfonos inteligentes para pensar con mayor cautela la siguiente transformación tecnológica.
La inteligencia artificial es, en ese sentido, el próximo escenario. El país enfrenta ahora una tecnología cuyos efectos sociales todavía están en desarrollo, pero cuya incorporación ya comenzó. “No podemos simplemente asumir que, porque la inteligencia artificial está avanzando, debemos incorporarla en todos los ámbitos y adaptarnos a ella sin preguntarnos previamente por sus posibles consecuencias”.
La pregunta de fondo, entonces, ya no es solamente cuánto tiempo pasan los niños frente a una pantalla, se trata de qué lugar ocupa la tecnología en la construcción de sus relaciones, su atención, sus emociones y su manera de comprender el mundo.
Y esa pregunta tampoco termina en los menores de edad. Como plantea Gallardo, la discusión involucra a las familias, las escuelas, las universidades, el sistema de salud y los lugares de trabajo. Porque la digitalización no está ocurriendo en una pantalla separada de la vida: está ocurriendo dentro de ella.
“Necesitamos tomarnos seriamente los procesos de digitalización de la vida y discutirlos como sociedad”, finaliza el experto.
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Saber másEstudiantes de Tecnología Médica dieron un nuevo paso hacia la práctica clínica con su investidura
• El tradicional cambio al uniforme burdeo simbolizó un nuevo desafío para las y los futuros profesionales.
Dejar atrás una etapa marcada principalmente por las aulas y comenzar a vincular los conocimientos adquiridos con experiencias cada vez más cercanas al ejercicio profesional. Ese fue el significado que tuvo para las/os estudiantes de cuarto semestre de Tecnología Médica de la Universidad de O’Higgins la ceremonia de investidura realizada por la Escuela de Salud.
La jornada reunió a estudiantes, autoridades universitarias, docentes, familiares y personas cercanas para acompañar uno de los hitos significativos dentro de la trayectoria formativa de la carrera. La instancia reconoció el esfuerzo realizado hasta ahora, pero también puso el acento en las nuevas responsabilidades que deberán asumir en su camino hacia la práctica clínica.
Durante la ceremonia, la jefa de carrera de Tecnología Médica UOH, Natalia Sills, destacó precisamente el significado que adquiere este momento después de meses de estudio, evaluaciones, desafíos y aprendizajes.
“Hay días que se miden en horas y hay días que se miden en años de esfuerzo condensados en un solo instante. Hoy es uno de esos días. Esto que estamos viviendo no es solo una ceremonia marcada en un calendario. Es el punto de inflexión en una historia que cada uno de ustedes ha escrito con sus propias manos, con sus propias noches, con su propio corazón”, señaló.
La investidura representa especialmente el tránsito hacia una etapa en que los contenidos estudiados comienzan a adquirir una dimensión práctica. Un proceso que, según Sills, también implica comprender de manera distinta la responsabilidad asociada al trabajo en salud.
“El cuarto semestre es, sin duda, un hito crucial. Es el instante casi mágico en que la teoría, ese universo de conceptos y fórmulas que llenó sus mentes en las aulas, se encuentra cara a cara con la realidad palpable de la práctica clínica. Es el momento en que la responsabilidad y el compromiso dejan de ser palabras en un programa de estudios”, sostuvo.
Uno de los momentos simbólicos de la jornada fue el cambio desde el delantal blanco utilizado durante los primeros años de formación al uniforme burdeo, que acompañará a las y los estudiantes en esta nueva etapa. Para la jefa de carrera, este paso va mucho más allá de una modificación en su vestimenta.
“Aquel delantal blanco de sus inicios se transforma hoy en un uniforme burdeo y lo visten con la dignidad y el orgullo que se han ganado uno por uno, con esfuerzo y sacrificio”, expresó.
Ciencia y humanidad
Durante su intervención, Natalia Sills también se refirió a las áreas en las que las y los estudiantes continuarán profundizando su formación, destacando las menciones de Otorrinolaringología, Oftalmología y Optometría, y de Bioanálisis Clínico, Hematología y Medicina Transfusional.
Más allá de las particularidades de cada área, enfatizó que el ejercicio de la Tecnología Médica requiere combinar conocimientos científicos y técnicos con una profunda responsabilidad hacia las personas.
“La tecnología médica exige una combinación única y vital de ciencia y humanidad. Ustedes serán los ojos que analizan muestras, los oídos que interpretan resultados, las manos que colaborarán en diagnósticos cruciales. Su trabajo tendrá un impacto directo y real en la vida de las personas”, afirmó.
La jefa de carrera llamó, además, a comprender la investidura como el comienzo de nuevas responsabilidades y no como la culminación del proceso de aprendizaje. Los avances científicos y tecnológicos, sostuvo, obligarán a las y los futuros profesionales a mantenerse permanentemente actualizados durante su trayectoria.
La ceremonia permitió así reconocer el camino recorrido por las y los estudiantes y, al mismo tiempo, proyectar los desafíos que encontrarán a medida que se aproximen al ejercicio profesional.
Con este nuevo hito, la Universidad de O’Higgins reafirma su compromiso con una formación que articule conocimientos científicos, competencias profesionales y principios éticos, preparando tecnólogas y tecnólogos médicos capaces de responder a las necesidades de salud de la Región de O’Higgins y del país.
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Saber más¿Empanada, choripán y asado? Cómo disfrutar este 18 sin caer en excesos
· Mantener los horarios de alimentación, elegir qué preparaciones consumir, incorporar verduras y alternar el alcohol con agua son algunas de las recomendaciones para enfrentar varios días de festejos sin dejar de disfrutar
Empanadas, anticuchos, choripanes, asados y distintas preparaciones tradicionales vuelven a ocupar un lugar protagonista con la llegada de las Fiestas Patrias. Y cuando las celebraciones se extienden durante varios días, también aparece una pregunta habitual: ¿cómo disfrutar sin terminar comiendo y bebiendo mucho más de lo acostumbrado?
Para Julia Pozo, nutricionista y docente de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad de O’Higgins (UOH), celebrar no debería ser sinónimo de prohibiciones ni tampoco de abandonar completamente los hábitos cotidianos.
“Lo principal es entender que celebrar y cuidarse no son cosas incompatibles. Durante Fiestas Patrias podemos disfrutar de nuestras preparaciones tradicionales sin necesidad de prohibir alimentos”, sostiene.
La especialista recomienda mantener cierto equilibrio durante estos días, respetando en lo posible los horarios habituales de alimentación, incorporando verduras, manteniendo una adecuada hidratación y privilegiando preparaciones al horno, a la parrilla o a la plancha por sobre las frituras.
Pero hay otro aspecto que, a su juicio, no debería olvidarse. “La celebración no tiene que centrarse exclusivamente en comer y beber; compartir, bailar, jugar con los niños y realizar actividades al aire libre también forman parte de estas fechas y contribuyen a nuestra salud física y mental”, explica.
No convertir cada comida en un festín
Si las celebraciones se prolongan durante varios días, una estrategia sencilla es seleccionar los momentos en que se consumirán las preparaciones típicas, en vez de incorporarlas abundantemente en cada comida.
“Podemos escoger en qué momento queremos consumir una empanada, un asado u otra preparación típica y, durante el resto del día, mantener una alimentación similar a la habitual. No se trata de restringirse, sino de distribuir mejor”, señala Pozo.
Esto también significa que una empanada, un choripán, un anticucho y un asado no necesariamente tienen que consumirse juntos.
“Podemos consumirlos, pero no necesariamente todos juntos. Una buena estrategia es elegir qué preparación queremos disfrutar. Por ejemplo, si vamos a comer una empanada, podemos acompañarla con una ensalada; si tendremos un asado, podemos privilegiar carnes más magras, retirar la grasa visible e incorporar verduras a la parrilla”, recomienda.
Los tradicionales anticuchos también pueden adaptarse fácilmente, intercalando la carne con cebolla, pimentón, zapallo italiano u otras verduras.
¿Saltarse el desayuno para comer más en el asado?
“Guardar calorías” antes de una celebración o restringir la alimentación al día siguiente puede parecer una solución para compensar los excesos. Sin embargo, la nutricionista descarta esta estrategia.
“Saltarse comidas para ‘guardar calorías’ o compensar lo consumido el día anterior no es una estrategia recomendable. Llegar a una celebración con demasiada hambre puede incluso favorecer que comamos más rápido y en mayor cantidad”, advierte.
En cambio, recomienda mantener una estructura relativamente similar a la cotidiana. “Una comida más abundante de lo habitual no necesita ser castigada ni compensada”, enfatiza.
Lo mismo ocurre una vez terminadas las celebraciones. Para la especialista, no es necesario recurrir a dietas extremas ni a los populares “detox”.
“Nuestro organismo cuenta con órganos, principalmente el hígado y los riñones, que participan permanentemente en los procesos de metabolismo y eliminación de sustancias. Después de las celebraciones, lo recomendable es algo mucho más sencillo: volver a nuestra alimentación habitual, beber agua, incorporar frutas y verduras, retomar nuestros horarios, dormir adecuadamente y volver a realizar actividad física”, explica.
Tamaño de las porciones
Más que eliminar las preparaciones tradicionales, Pozo plantea poner atención a las cantidades y los acompañamientos. “Las porciones son fundamentales, especialmente porque muchas preparaciones típicas tienen una elevada densidad energética, grasas o sodio. Podemos mantener las preparaciones tradicionales, pero acompañarlas con una buena cantidad de verduras y ensaladas frescas”, indica.
Comer más lentamente también puede marcar una diferencia. Hacer pausas, conversar durante la comida y prestar atención a las señales del organismo permite reconocer de mejor manera cuándo se ha alcanzado la saciedad.
“Una estrategia sencilla es comer despacio, conversar, hacer pausas y preguntarnos antes de repetir: ‘¿Sigo teniendo hambre o simplemente quiero seguir comiendo porque está rico?’. Podemos disfrutar de algo rico sin necesidad de terminar sintiéndonos excesivamente llenos”, señala.
Ojo con el terremoto
Las bebidas alcohólicas también forman parte de muchas celebraciones dieciocheras. En este punto, la recomendación es moderar su consumo, beber lentamente y alternarlas con agua.
Pozo llama particularmente a tener precaución con una de las preparaciones más tradicionales de estas fechas. “Hay que tener especial cuidado con el terremoto, porque su sabor dulce puede hacer que lo bebamos más rápido y perdamos la noción de cuánto alcohol estamos consumiendo”.
La especialista recomienda además evitar consumir alcohol con el estómago vacío. “Cuando no hemos comido, el alcohol se absorbe más rápido y podemos sentir sus efectos antes. Comer ayuda a enlentecer esa absorción, pero no evita los efectos de beber en exceso”, puntualiza.
La hidratación, por su parte, debería mantenerse durante toda la jornada y no solamente cuando aparece la sensación intensa de sed. Si existe consumo de alcohol, alternarlo con agua puede contribuir tanto a mantener la hidratación como a disminuir la cantidad total ingerida.
Cinco claves para celebrar este 18
Para quienes buscan recomendaciones fáciles de aplicar durante las Fiestas Patrias, Julia Pozo resume sus consejos en cinco ideas: disfrutar sin culpa, pero con moderación; cuidar las porciones y elegir las preparaciones que realmente se quieren consumir; incorporar verduras y privilegiar la parrilla, el horno o la plancha; mantener una buena hidratación y moderar el alcohol y las bebidas azucaradas; y mantenerse activo durante las celebraciones.
“Bailar cueca, caminar, jugar con las/os niñas/os o realizar actividades al aire libre también son parte de celebrar”, recuerda la nutricionista.
La clave, entonces, no está en transformar las Fiestas Patrias en días de restricciones ni en intentar compensar posteriormente lo consumido, sino en disfrutar las tradiciones manteniendo un equilibrio. Porque una empanada o un asado pueden perfectamente ser parte de la celebración sin que ello implique dejar de lado por completo los hábitos que se mantienen durante el resto del año.
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Saber más¿Fruta, yogur o sándwich? Las claves para elegir una colación equilibrada
· Especialista entrega recomendaciones para escoger opciones nutritivas, cuidar las porciones y disminuir el consumo de productos procesados.
Para muchas personas, hacer una pausa durante la mañana o la tarde para comer algo se ha transformado en parte de la rutina. Un yogur, una fruta, unas galletas o un sándwich suelen ser algunas de las alternativas para enfrentar las horas que separan las comidas principales. Sin embargo, que una colación sea habitual no significa necesariamente que todas las personas la necesiten ni que cualquier opción cumpla la misma función nutricional.
Los resultados de la encuesta 5C de Cadem muestran que el 41% de las personas consume colación todos o casi todos los días, mientras que el horario preferido es la media tarde, con un 65%. En cuanto a los gustos, un 35% se inclina por alternativas dulces, otro 35% por saladas y para un 30% esta distinción resulta indiferente.
Pero ¿es realmente necesario incorporar una colación todos los días? Para Erika Veas, nutricionista especialista en endocrino y gastroenterología y docente de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad de O’Higgins (UOH), la respuesta depende de las características y necesidades de cada persona.
“Las colaciones siempre deben evaluarse de forma personalizada. Para algunas personas, incorporarlas todos los días puede hacer que excedan su requerimiento calórico diario, mientras que, para otras, omitirlas podría significar una baja en los nutrientes que necesitan o generar ayunos muy prolongados que afectan su energía. No existe una receta única que sirva para todos por igual”, explica.
Por ello, señala que factores como el estilo de vida, la actividad física y los objetivos de salud deben considerarse al momento de definir la alimentación diaria, evitando asumir que existe una pauta que funciona de igual manera para toda la población.
Priorizar alimentos naturales
¿Qué deberíamos elegir cuando efectivamente necesitamos una colación? Erika Veas recomienda privilegiar alimentos que aporten nutrientes y reducir la dependencia de productos altamente procesados.
“Aunque hoy en día vitrineamos y nos encontramos con una cantidad enorme de opciones envasadas, como nutricionistas siempre debemos poner en el centro lo natural. Una colación ideal es aquella que nos aporta vitaminas, minerales, fibra, proteínas de buena calidad y grasas saludables”, sostiene.
Fruta fresca, frutos secos, aceitunas naturales, huevo cocido y lácteos descremados son algunas de las alternativas que menciona la especialista. Los productos envasados, en tanto, recomienda reservarlos para situaciones más ocasionales.
¿Qué pasa con las colaciones de las/os niñas/os?
La alimentación escolar aparece como otro de los aspectos relevantes del estudio. Según la encuesta, el 89% de quienes tienen hijas/os les envía colación al colegio. Entre los alimentos consumidos aparecen los lácteos (74%), sándwiches (57%), galletas (54%) y fruta fresca (50%).
Para Veas, varias de estas alternativas pueden incorporarse dentro de una alimentación equilibrada, pero existe un elemento que las familias no deberían pasar por alto: el tamaño de las porciones.
“Muchas veces mandamos porciones tan grandes que la colación termina convirtiéndose prácticamente en un almuerzo o comida principal extra, lo que predispone al exceso de peso sin darnos cuenta”, advierte.
La especialista plantea como referencia que una colación escolar puede aportar aproximadamente entre 100 y 130 calorías, dependiendo de la etapa de crecimiento, aunque recalca la importancia de que las cantidades sean evaluadas de acuerdo con las necesidades particulares de cada niño o niña.
El desafío de las colaciones listas para consumir
El estudio también muestra una marcada preferencia por la practicidad. Entre quienes envían colaciones a sus hijos, un 74% opta por productos comprados y listos para consumir, frente al 49% que señala elegir alternativas preparadas en casa.
Ante esta realidad, la nutricionista UOH propone prestar especial atención al etiquetado y la composición de los alimentos. Como orientación práctica, recomienda observar la cantidad y el tipo de ingredientes presentes en el producto, privilegiando aquellos con composiciones más simples y evitando aquellos donde azúcares, sodio o numerosos aditivos tengan una presencia relevante.
Para quienes buscan alternativas sencillas, Veas menciona frutas de estación, compotas caseras sin azúcar añadida, yogur natural, leche semidescremada o descremada, frutos secos, aceitunas y tostadas con palta o mantequilla de maní natural. También propone preparaciones caseras como panqueques de avena y plátano, galletones de avena o pequeñas porciones de queque sin azúcar.
No convertir la colación en una comida adicional
Entre los resultados positivos de la encuesta, Veas destaca la presencia de lácteos y frutas entre las preferencias y que la media tarde concentre buena parte del consumo de colaciones. Sin embargo, advierte que las elecciones deben considerar tanto la composición nutricional como las cantidades.
El objetivo -explica- no es eliminar alimentos ni establecer una regla rígida sobre qué se puede o no comer, sino comprender que una colación debe responder a una necesidad y complementar la alimentación del día, en lugar de transformarse inadvertidamente en una comida adicional.
Así, más que preguntarse únicamente qué llevar en la mochila o tener disponible en la oficina, la recomendación es mirar el contexto completo: qué comemos, cuánto comemos y si realmente necesitamos esa colación. Una decisión cotidiana que, aunque parezca pequeña, puede contribuir a construir hábitos alimentarios más equilibrados.
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Saber másLa falta de oxígeno durante el embarazo podría marcar la salud durante toda la vida
- Revisión publicada en Physiological Reviews reúne evidencia sobre cómo la hipoxia crónica altera la adaptación materna, la placenta y el desarrollo fetal.
La falta de oxígeno durante el embarazo no termina necesariamente con el nacimiento. Una revisión científica internacional reunió evidencia que muestra cómo la exposición crónica a la hipoxia puede modificar la adaptación de la madre, el funcionamiento de la placenta y el crecimiento y desarrollo del feto, con posibles consecuencias que se extienden hasta la vida adulta.
El trabajo, elaborado por investigadores de Chile, Estados Unidos y Reino Unido, entre ellos Bernardo Krause, académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), analiza décadas de estudios realizados en seres humanos y modelos experimentales para comprender qué ocurre durante un embarazo desarrollado en condiciones de menor disponibilidad de oxígeno.
“El principal aporte de la revisión es integrar la evidencia que demuestra que la falta de oxígeno durante la gestación produce cambios importantes en la adaptación materna al embarazo, en el funcionamiento de la placenta y en el crecimiento y desarrollo fetal”, explica Bernardo Krause.
Uno de los puntos centrales es que la hipoxia crónica puede dificultar el aumento normal del flujo sanguíneo hacia el útero y la placenta. La revisión describe una menor dilatación y remodelación de las arterias uterinas, lo que reduce el aporte de oxígeno y nutrientes al feto. La placenta, a su vez, desarrolla mecanismos compensatorios para aumentar la superficie de intercambio y optimizar la transferencia de oxígeno.
El académico explica que cuando estas adaptaciones no son suficientes, aumenta el riesgo de complicaciones como la restricción del crecimiento fetal y la preeclampsia. El artículo también reúne evidencia que vincula la exposición prenatal a la hipoxia con una mayor susceptibilidad a enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurológicas durante etapas posteriores de la vida.
“Esta exposición está asociada a complicaciones como la restricción del crecimiento fetal y la preeclampsia, y sus efectos pueden extenderse desde el nacimiento hasta la vida adulta”, señala Krause.
El fenómeno tiene una particular relevancia para Chile. La revisión destaca que las respuestas observadas en poblaciones que viven en altura permiten estudiar cómo el organismo se adapta a una menor disponibilidad de oxígeno y, al mismo tiempo, comprender mecanismos que podrían participar en embarazos complicados a nivel del mar. El trabajo señala que las respuestas fisiológicas de poblaciones adaptadas durante generaciones a la altura incluso pueden ofrecer pistas para desarrollar futuras estrategias terapéuticas.
Para Krause, esa conexión es especialmente relevante. “La revisión permite identificar preguntas sobre cómo la falta de oxígeno durante la gestación modifica la placenta y el desarrollo fetal, por qué algunos fetos presentan una mayor susceptibilidad que otros y cómo estas alteraciones pueden contribuir posteriormente al desarrollo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas”, detalla.
La publicación también representa un reconocimiento al trabajo de los investigadores participantes. A diferencia de una revisión enviada espontáneamente, Physiological Reviews encarga este tipo de trabajos a especialistas con experiencia reconocida para integrar y analizar críticamente el conocimiento disponible en un área.
El desafío que queda planteado es avanzar desde la comprensión de estos mecanismos hacia la identificación temprana de los embarazos de mayor riesgo y el desarrollo de estrategias capaces de prevenir o reducir sus consecuencias. La propia revisión advierte que todavía existen importantes brechas de conocimiento sobre los mecanismos que permiten a algunas poblaciones adaptarse mejor a la hipoxia y sobre la interacción entre factores genéticos, fisiológicos y epigenéticos.
Además del académico Bernardo Krause, trabajaron en el artículo los investigadores Germán Arenas, Emilio Herrera, Dino Giussani, Colleen Julian, Lorna Moore y Ramón Lorca.
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Saber másAcadémico advierte que cambio de hora puede afectar la salud y profundizar desigualdades territoriales en Chile
Jorge Gallardo cuestiona la necesidad de modificar los relojes dos veces al año y plantea que el país debería avanzar hacia un horario único.
Cada año, millones de chilenos deben volver a ajustar sus relojes para adaptarse al cambio de hora. Una práctica que se instaló originalmente como una medida de ahorro energético, pero que hoy tendría beneficios cada vez más reducidos y -en cambio- podría generar consecuencias sobre la salud y la vida cotidiana de chilenos y chilenas.
Así lo plantea Jorge Gallardo, académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), quien sostiene que la evidencia disponible apunta a que sería preferible mantener un solo horario durante todo el año. “Actualmente existen investigaciones que muestran que sería preferible mantener un solo horario. Más aún si consideramos que los cambios de horario surgieron originalmente como una medida destinada al ahorro de energía eléctrica. Sin embargo, hoy los cálculos muestran que ese ahorro sería bastante reducido, llegando a menos del 1%”, explica.
Para el Doctor en Sociología, el problema no se limita a las molestias que experimentan las personas durante los primeros días. Entre las consecuencias estudiadas se encuentran alteraciones del sueño, aumento de accidentes de tránsito, mayor riesgo de infarto al miocardio y cambios en el estado de ánimo. Además, el período de adaptación al nuevo horario puede extenderse durante varias semanas e incluso meses en algunos casos.
“La verdad es que resulta paradójico que hayamos instalado esta cultura del cambio de horario y que, de alguna manera, no nos hagamos cargo de sus consecuencias”, advierte Gallardo, quien plantea que una medida que nació por razones económicas terminó transformándose prácticamente en una costumbre.
Un país, pero realidades distintas
Otro de los cuestionamientos del académico apunta a la forma en que Chile aborda su régimen horario. La extensa geografía nacional implica diferencias importantes en las horas de luz, las condiciones climáticas y las rutinas de las personas entre una región y otra.
En ese sentido, Gallardo considera que las decisiones tomadas desde la perspectiva de la zona central no necesariamente representan las necesidades del resto del territorio. “Chile es un país extremadamente largo y, aun así, gran parte del territorio funciona bajo un mismo huso horario”, señala. A su juicio, experiencias como la de Magallanes, que mantiene un régimen horario diferente al de buena parte del país, debieran abrir una discusión sobre la posibilidad de considerar las particularidades de otras regiones.
El contraste resulta especialmente evidente en el centro-sur. En regiones como Los Lagos, por ejemplo, el horario de invierno puede significar que muchas personas salgan de sus hogares cuando todavía está oscuro y regresen nuevamente de noche, en condiciones climáticas muy diferentes a las de la zona central.
“Es difícil explicar que se siga pensando un régimen horario principalmente desde las condiciones de la zona central y que este se aplique de la misma manera a territorios con realidades muy distintas”, sostiene.
Salud mental y centralismo
Gallardo también llama la atención sobre la relación entre los cambios horarios y la salud mental, especialmente considerando los problemas que enfrenta Chile en esta materia. “Una alteración de la hora puede generar efectos sobre la salud mental de la población en general. Por lo tanto, llama la atención que el Estado no se haga cargo suficientemente de esta situación”, plantea.
Para el académico, el debate trasciende la discusión sobre qué horario resulta más cómodo y pone sobre la mesa un problema mayor: la desigualdad territorial en el diseño de las políticas públicas. “Lejos de constituir solamente una discusión sobre las ventajas o desventajas de un determinado horario, esto también puede expresar una cierta cultura de la desigualdad”, afirma.
El académico recuerda además que Chile tuvo en 2015 un horario único durante todo el año, pero posteriormente retomó el sistema de cambios. A su juicio, la discusión debería considerar no solo la realidad de los estudiantes de la Región Metropolitana, sino también la de quienes deben trasladarse diariamente a sus establecimientos educacionales en el sur del país, muchas veces en completa oscuridad y bajo condiciones de lluvia, viento y bajas temperaturas.
“No podemos asumir que lo que ocurre con la población de la Región Metropolitana representa necesariamente lo que sucede en todo Chile”, concluye Gallardo.
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Saber másCambio de hora: cómo preparar el organismo para adaptarse al nuevo horario
- Anticipar gradualmente los horarios de sueño, mantener rutinas y aprovechar la luz natural son algunas de las recomendaciones para enfrentar de mejor manera el próximo cambio de hora.
Una hora puede parecer una diferencia menor, pero para nuestro organismo puede significar varios días de adaptación. Con la llegada de un nuevo cambio de hora en Chile, modificar de manera repentina las rutinas de sueño y vigilia puede provocar cansancio, somnolencia, dificultades para dormir e incluso cambios transitorios en la concentración y el estado de ánimo.
El docente adjunto y coordinador académico de la carrera de Enfermería de la Universidad de O’Higgins (UOH), Jonás Hormazábal, explica que esto ocurre porque el organismo posee un “reloj biológico” encargado de regular procesos como el sueño, la vigilia, la temperatura corporal, la secreción de melatonina y los niveles de alerta a lo largo del día.
Este funcionamiento se encuentra estrechamente relacionado con los ciclos de luz y oscuridad. Por ello, aunque el reloj avance solo 60 minutos, el cuerpo no necesariamente se ajusta de manera inmediata al nuevo horario. “Un cambio brusco en los horarios puede generar, durante algunos días, un desajuste entre nuestro horario social y nuestro ritmo en el diario vivir”, explica Hormazábal.
La respuesta, además, no es igual para todas las personas. Mientras algunas se adaptan rápidamente, otras pueden experimentar mayor cansancio, somnolencia o dificultades para conciliar el sueño. Según el docente UOH, quienes habitualmente funcionan o trabajan en horarios más tardíos también pueden enfrentar mayores dificultades durante este proceso.
Entre las consecuencias más frecuentes se encuentra una alteración temporal del patrón de sueño. Esto puede manifestarse en problemas para quedarse dormido, despertares durante la noche, levantarse antes de lo habitual o tener la sensación de que el descanso no fue suficientemente reparador.
Cuando el cambio implica adelantar el reloj, existe además la posibilidad de reducir el tiempo disponible para dormir si se mantiene la misma rutina. “Esto puede traducirse en mayor somnolencia durante el día, cansancio, menor sensación de descanso y dificultades para mantener la atención, pero por lo general suelen ser transitorios y no debiese superar una semana”, señala.
Sueño, emociones y salud mental
Los efectos pueden extenderse más allá del cansancio. Un descanso insuficiente o de menor calidad puede repercutir en la capacidad para concentrarse, responder frente a determinadas tareas y regular las emociones durante el día.
“Cuando dormimos menos o nuestro descanso es de menor calidad, podemos sentirnos más irritables, menos motivados o con menor capacidad para regular nuestras emociones”, sostiene Hormazábal.
El profesional recalca que esto no significa que el cambio de hora, por sí solo, provoque un trastorno de salud mental. Sin embargo, recuerda que existe una estrecha relación entre descanso, regulación emocional y bienestar psicológico. “Cuidar el sueño también es cuidar nuestra salud mental”, enfatiza.
Niños, adolescentes y personas mayores pueden requerir especial atención durante este periodo. En la infancia, mantener rutinas adecuadas de sueño contribuye al desarrollo, aprendizaje y regulación emocional. En la adolescencia, en tanto, existe una tendencia a dormir y despertar más tarde, situación que puede entrar en conflicto con jornadas escolares o laborales que comienzan temprano.
En las personas mayores también es importante observar posibles cambios, particularmente cuando existen rutinas de sueño consolidadas o condiciones que afectan el descanso. Sin embargo, Hormazábal precisa que no existe una respuesta única y que “la capacidad de adaptación es individual y propia de cada persona”.
Desde la Enfermería, agrega, es importante abordar el descanso desde una perspectiva integral. “No basta con preguntar cuánto duerme; también debemos interesarnos por cómo está durmiendo, cómo se siente durante el día y si el descanso está alterando su funcionamiento, relaciones interpersonales y su bienestar en general”.
Anticiparse al cambio
Para facilitar la adaptación, una de las principales recomendaciones es comenzar antes de que llegue el cambio de hora. Dos o tres días pueden ser suficientes para modificar progresivamente las rutinas, adelantando poco a poco la hora de acostarse y levantarse.
También resulta conveniente mantener horarios relativamente regulares, favorecer la exposición a luz natural durante la mañana y disminuir la exposición a iluminación intensa y pantallas, especialmente celulares, antes de dormir.
A ello se suman medidas habituales de higiene del sueño, como disponer de un ambiente apropiado para descansar, evitar comidas muy pesadas o productos estimulantes cerca de la hora de acostarse y procurar que durante el fin de semana los horarios no cambien drásticamente.
Para Hormazábal, el próximo cambio de hora también puede convertirse en una oportunidad para prestar mayor atención a un aspecto que suele quedar relegado frente a las obligaciones cotidianas.
“Dormir bien no es tiempo perdido, sino una necesidad biológica y una inversión en nuestra salud, incluyendo lo emocional. El descanso adecuado contribuye a nuestra capacidad de concentración, desempeño en el diario vivir y bienestar general”, finaliza.
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Saber másEstudiantes de la Escuela de Salud midieron sus conocimientos en la 2da Olimpiada de Anatomía UOH
• La nueva edición de la competencia reunió a 12 duplas en tres jornadas de pruebas teóricas y prácticas.
Por segundo año, estudiantes de la Escuela de Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH) pusieron a prueba sus conocimientos y habilidades en la Olimpiada de Anatomía, iniciativa que busca promover el aprendizaje colaborativo, la transmisión de conocimientos entre generaciones y el interés por esta disciplina fundamental para la formación de las y los futuros profesionales de la salud.
La segunda versión de la competencia reunió a 12 duplas, que durante tres jornadas debieron superar diferentes desafíos teóricos y prácticos. Tras las etapas clasificatorias, cuatro equipos avanzaron hasta la gran final realizada en el auditorio de la Universidad, instancia en la que Felipe Jaramillo y Andrés Lay se quedaron con el primer lugar.
Para Tamara Puga, encargada de Gestión de Talentos Estudiantiles de la Escuela de Salud, uno de los principales atributos de la iniciativa es que nace desde el propio interés de las y los estudiantes por compartir lo aprendido con quienes comienzan su formación.
“Estar a cargo de la gestión del talento estudiantil en la Escuela de Salud significa responder siempre a muchas iniciativas, pero hay algunas que son particularmente valiosas y tienen que ver con aquellas que pretenden heredar conocimiento, y esta, la Olimpiada de Anatomía, se caracteriza por ser eso. Su objetivo es transmitir el conocimiento en anatomía desde generaciones superiores hacia sus compañeros de niveles más iniciales. Por lo tanto, es una instancia tremendamente significativa que esperamos se repita de aquí para siempre”, señaló.
La competencia contempló tres días de actividades. Durante la primera jornada, las y los participantes rindieron una prueba teórica y posteriormente enfrentaron una gymkana basada en el reconocimiento de imágenes. La segunda etapa se trasladó al laboratorio, donde debieron reconocer estructuras mediante fantomas y enfrentarse a una “caja oscura”, desafío destinado a evaluar la estereognosia, es decir, la capacidad de reconocer estructuras utilizando únicamente el tacto.
Tras superar ambas etapas, cuatro de las 12 duplas inscritas clasificaron a la gran final. En esta instancia, desarrollada en el auditorio de la UOH y en compañía de más de 100 compañeros y compañeras en el público, las y los finalistas participaron en una gymkana en vivo, reconocimiento de imágenes y resolución de casos clínicos, demostrando los conocimientos adquiridos durante su formación.
Además de los reconocimientos entregados durante la premiación, las dos duplas mejor clasificadas obtuvieron la oportunidad de participar en las Olimpiadas de Anatomía Interuniversitarias, que se desarrollarán en el marco de un congreso de anatomía durante octubre en la Región de Valparaíso.
Tamara Puga destacó que, tras una primera experiencia desarrollada durante 2025, la iniciativa comienza a consolidarse dentro de la Escuela de Salud. “Esperamos que esta instancia permanezca, ya que además es conducente a la Olimpiada Nacional y que se instale como un hito dentro de la Escuela de Salud”, sostuvo.
La organización de esta segunda edición estuvo vinculada también al trabajo desarrollado por estudiantes que participaron anteriormente en competencias nacionales y que, a partir de esa experiencia, decidieron fortalecer el estudio de la disciplina al interior de la Universidad.
José Pablo Gancedo, secretario general del Proyecto Atlas (Academia de Transmisión y Legado Anatómico en Salud), explicó que la iniciativa es resultado de un proceso que comenzó tras aquella experiencia. “Este evento es el culmine de lo que veníamos planeando desde el año pasado. Como participantes de las olimpiadas a nivel nacional quedamos muy motivados y esa motivación perduró. Logró juntar ganas dentro de nosotros como estudiantes y armar una Academia de Anatomía, la cual fue la organizadora de esta segunda instancia de la Olimpiada Interna de la Universidad”, comentó.
Agregó que uno de los propósitos centrales fue generar una instancia que permitiera seleccionar a quienes representarán nuevamente a la Universidad de O’Higgins en la competencia nacional.
Con su segunda edición, la Olimpiada de Anatomía avanza así en su consolidación como un espacio de aprendizaje entre pares, participación estudiantil y profundización disciplinar, permitiendo que el conocimiento adquirido en las aulas y laboratorios sea compartido entre distintas generaciones y proyectado hacia instancias de encuentro con estudiantes de otras universidades del país.
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