Escuela de Ingeniería estrecha vínculos con Codelco para fortalecer formación estudiantil
• La instancia permitió abordar la prevención de riesgos y el autocuidado en la formación de futuros profesionales, además de proyectar visitas a terreno y oportunidades de colaboración en prácticas y pasantías.
La seguridad en minería comienza mucho antes de ingresar a una faena. Incorporar una cultura preventiva desde la etapa universitaria fue uno de los principales ejes de una actividad organizada por Codelco Chile División El Teniente, en la que participó la Escuela de Ingeniería de la Universidad de O’Higgins.
En representación de la casa de estudios estuvo Consuelo Espina, encargada de Prácticas y Vinculación con el Medio de la Escuela de Ingeniería, en una instancia orientada a sensibilizar a estudiantes de Educación Superior de carreras relacionadas con la minería sobre la importancia de la seguridad, el autocuidado y la identificación de riesgos críticos.
La actividad permitió acercar el ámbito formativo a los desafíos que las y los futuros profesionales encontrarán en la industria, poniendo especial énfasis en que la prevención debe incorporarse como un criterio permanente al momento de enfrentar situaciones y tomar decisiones.
Desde Codelco División El Teniente, Carolina Ruiz, destacó que trabajar estas materias durante la formación universitaria permite que las y los estudiantes desarrollen tempranamente herramientas que posteriormente podrán trasladar a su desempeño laboral.
“Para Codelco División El Teniente es muy relevante promocionar la seguridad y la promoción del autocuidado en la formación de las y los estudiantes, especialmente en carreras vinculadas a la minería, porque permite desarrollar desde etapas tempranas una cultura preventiva que acompañará su desempeño profesional durante toda su trayectoria laboral”, señaló.
La representante de la estatal agregó que las características propias de la actividad minera hacen necesario comprender la seguridad desde una perspectiva que vaya más allá del cumplimiento de normas y protocolos.
“En la industria de la minería, donde las operaciones involucran riesgos relevantes y altos estándares de seguridad, es esencial que las futuras y futuros profesionales comprendan que la seguridad no es solo un conjunto de procedimientos, sino un valor que orienta cada decisión y acción en el trabajo”, explicó.
En ese sentido, agregó que fomentar el autocuidado permite a quienes se preparan para ingresar a la industria “reconocer los riesgos, actuar de manera responsable y proteger tanto su integridad como la de sus equipos de trabajo”.
Nuevas oportunidades de colaboración
La participación de la Escuela de Ingeniería UOH también permitió avanzar en la vinculación con Codelco División El Teniente y proyectar nuevas instancias que acerquen a las y los estudiantes a contextos reales de la industria minera.
“Estas instancias son muy valiosas para la formación de nuestras y nuestros estudiantes, porque les permiten acercarse tempranamente a los desafíos reales de la industria y comprender que la seguridad y el autocuidado deben estar presentes en cada decisión que tomen como futuros profesionales. Además, esta vinculación con Codelco División El Teniente nos permite proyectar nuevas oportunidades de aprendizaje, como visitas a terreno, prácticas y pasantías, fortaleciendo una formación conectada con las necesidades del sector minero y de nuestra región”, indicó Consuelo Espina.
De esta manera, la colaboración busca que conceptos como seguridad, prevención y autocuidado no aparezcan únicamente al momento de ingresar al mundo laboral, sino que formen parte de la preparación de las y los futuros profesionales desde su etapa universitaria.
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Saber másEscuela de Ingeniería culmina actualización macrocurricular en sus seis especialidades
• El proceso iniciado en 2024 renovó los perfiles de egreso y planes de estudio de sus carreras de Ingeniería Civil, alineándolos con marcos e internacionales como ABET y el Acuerdo de Washington.
Mirando hacia los desafíos globales de la próxima década, la Universidad de O’Higgins ha dado un paso decisivo en la modernización de su oferta formativa. La Escuela de Ingeniería oficializó la aprobación de los nuevos planes de estudio y perfiles de egreso para sus seis especialidades de Ingeniería Civil, culminando un riguroso proceso de rediseño macrocurricular iniciado en 2024.
Esta actualización involucra a las carreras de Ingeniería Civil en Computación, Geológica, Eléctrica, Mecánica, Industrial y en Modelamiento Matemático de Datos. Las mallas curriculares renovadas comenzarán a regir formalmente para las cohortes que ingresen a partir del año académico 2027.
La transformación curricular busca responder directamente a las exigencias cambiantes de los sectores productivos y la sociedad, incorporando competencias clave como la sostenibilidad, la resolución de problemas complejos de ingeniería, la capacidad directiva y el trabajo interdisciplinario. De este modo, los futuros graduados contarán con herramientas que integran las demandas del desarrollo regional con los más altos estándares internacionales.
Tras finalizar exitosamente esta etapa, la Escuela de Ingeniería iniciará una fase orientada a consolidar y sistematizar sus procesos internos de aseguramiento de la calidad. El objetivo central será certificar sus programas bajo criterios reconocidos a nivel mundial, entre los que destacan los atributos de egreso del Acuerdo de Washington y los criterios de acreditación ABET.
Desde la Escuela de Ingeniería destacaron el trabajo coordinado durante todo el ciclo, reconociendo el acompañamiento técnico y pedagógico brindado por la Dirección de Innovación de la Enseñanza (DIE) para concretar esta reestructuración estratégica para el desarrollo institucional.
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Saber másInvestigación desarrollada en la UOH revela la diversidad oculta del SARS-COV-2
El estudio, publicado en Scientific Reports, revista de Nature Portfolio, analizó 96 muestras chilenas con una profundidad promedio cercana a 60.000×. Es la primera investigación en Chile que utiliza secuenciación ultra profunda del genoma completo para caracterizar la evolución del SARS-CoV-2 dentro de las personas infectadas.
Una investigación concebida y desarrollada íntegramente en la Universidad de O’Higgins (UOH) permitió observar una dimensión del SARS-CoV-2 que la vigilancia genómica convencional generalmente no detecta: las variantes minoritarias que aparecen dentro de cada persona durante la infección.
El trabajo, titulado “Ultra-deep sequencing reveals intra-host diversity and selective constraint in SARS-CoV-2 samples from Chile”, fue publicado en la revista científica Scientific Reports. El estudio fue coordinado por el Dr. Alex Di Genova, académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería y director del Centro UOH de Bioingeniería (CUBI). En la investigación participaron también la académica Carol Moraga y el académico Mauricio Latorre.
La investigación analizó 96 muestras de SARS-CoV-2 obtenidas en Chile entre 2020 y 2022, periodo que abarcó la circulación y el reemplazo de distintos linajes, desde las variantes iniciales hasta Lambda, Delta y Ómicron. La preparación de las bibliotecas, la secuenciación, el procesamiento bioinformático y la interpretación de los resultados se realizaron en la UOH.
Un error afortunado que abrió una nueva pregunta
El proyecto surgió en 2023, durante una prueba del secuenciador DNBSeq-G400. El equipo utilizó por error una celda de secuenciación con una capacidad mucho mayor que la necesaria para las muestras disponibles. Como resultado, los genomas virales fueron secuenciados a una profundidad promedio cercana a 60.000×, muy por encima de lo requerido para identificar la variante predominante en cada paciente.
En lugar de descartar ese exceso de información, los investigadores se preguntaron qué procesos biológicos podían observarse con ese nivel de resolución. La respuesta estaba en las variantes intra-hospedero o iSNVs: pequeños cambios genéticos presentes en una fracción de los virus que coexisten dentro de una misma persona infectada.
“Todo comenzó con un error durante una prueba del secuenciador: utilizamos una celda mucho más grande de la que necesitábamos y terminamos secuenciando las muestras a una profundidad enorme. En vez de quedarnos solamente con el genoma principal del virus, aprovechamos esos datos para mirar qué estaba ocurriendo dentro de cada paciente. Ese error terminó abriendo una pregunta científica mucho más interesante”, explica Alex Di Genova.
Más allá de la variante dominante
La vigilancia genómica tradicional reconstruye un genoma consenso, es decir, la versión predominante del virus presente en una muestra. Esta información fue fundamental durante la pandemia para seguir la aparición y expansión de variantes como Gamma, Lambda, Delta y Ómicron. Sin embargo, el consenso no muestra toda la diversidad viral que existe dentro de un individuo.
La secuenciación ultra profunda permitió examinar esas variantes minoritarias con criterios estrictos para separar señales biológicas reales de posibles errores técnicos. En total, el equipo generó más de 2.000 millones de lecturas y, después de un proceso conservador de filtrado, identificó 2.890 iSNVs respaldadas por una alta profundidad de secuenciación.
La mayoría se encontraba en frecuencias bajas o intermedias y el cambio más común fue de citosina a timina, un patrón consistente con procesos de mutación y edición del ARN descritos previamente para el SARS-CoV-2.
Señales tempranas de evolución viral y coinfecciones
El análisis mostró que la evolución del SARS-CoV-2 dentro de los pacientes estuvo dominada por selección purificadora. Esto significa que la mayoría de las mutaciones que aparecen durante la infección son eliminadas porque pueden afectar negativamente el funcionamiento del virus.
Esta restricción no fue igual en todo el genoma. La proteína Spike y algunos genes accesorios, como ORF3a, ORF7a y ORF8, concentraron una mayor proporción de cambios que modifican proteínas. Estas señales permiten identificar regiones donde la diversidad viral puede tener mayores consecuencias funcionales, aunque no implican por sí solas la aparición de nuevas variantes.
El estudio detectó además 13 coinfecciones candidatas. En estas muestras se observó un linaje viral predominante junto con mutaciones compatibles con un segundo linaje presente en menor proporción. Los casos coincidieron con periodos en que distintas variantes circulaban simultáneamente o se reemplazaban en Chile.
“Los iSNVs son una ventana a las primeras etapas de la evolución viral dentro del hospedero. La mayoría de estos cambios no llegará a establecerse, pero nos permite observar dónde se genera la diversidad, qué regiones del virus están más restringidas y cuáles acumulan señales de cambios funcionales. Es una capa de información que normalmente se pierde en la vigilancia basada únicamente en genomas de consenso”, señala el académico.
Ciencia realizada de principio a fin en la UOH
Una característica central del estudio es que sus etapas experimentales y computacionales fueron desarrolladas en la Universidad de O’Higgins. Las muestras se procesaron y secuenciaron localmente en el equipo DNBSeq-G400, mientras que el análisis bioinformático se ejecutó mediante flujos de trabajo reproducibles en KÜTRAL, la infraestructura de cómputo de alto rendimiento de la UOH. Solo la ejecución del flujo principal de análisis requirió cerca de 1500 horas de CPU.
El trabajo integró las capacidades del Laboratorio de Biología Computacional, el Laboratorio de Bioingeniería, SeqUOH, CUBI y KÜTRAL. Además, los datos, el código empleado en los análisis y las figuras se encuentran disponibles públicamente en el repositorio del CBLab, mientras que las lecturas de secuenciación fueron depositadas en repositorios científicos internacionales.
“Este trabajo demuestra que en la UOH tenemos la capacidad de desarrollar un estudio genómico completo: desde generar los datos hasta analizarlos e interpretarlos. Esa capacidad no sirve solamente para estudiar el COVID-19; queda instalada para responder a futuras enfermedades infecciosas y para abordar otros problemas biomédicos relevantes para Chile”, destaca Di Genova.
Los resultados muestran que la secuenciación ultra profunda puede complementar la vigilancia genómica tradicional al revelar procesos tempranos y sutiles de evolución viral. Al mismo tiempo, el estudio evidencia que desde la Región de O’Higgins es posible generar investigación genómica de frontera, con infraestructura y capacidades científicas desarrolladas en la propia Universidad.
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Saber másInvestigadores detectan diferencias en tumores chilenos que las referencias genómicas internacionales no siempre capturan
- En cáncer de vesícula biliar y colon, el equipo observa patrones distintos a los descritos en grandes estudios internacionales y analiza cuánto de esas diferencias podría relacionarse con la particular ancestría genética de la población chilena.
El cáncer no es igual en todas partes y las referencias genómicas con que se estudia e interpreta la enfermedad tampoco representan de la misma manera a todas las poblaciones. Un equipo de investigadores de la Universidad de O’Higgins (UOH), que ha secuenciado tumores de cerca de 300 pacientes chilenos, está observando diferencias frente a patrones descritos en grandes estudios internacionales, particularmente en cáncer de vesícula biliar y colon.
Una de las claves está en la particular composición genética de la población chilena, producto de una historia de mezcla principalmente entre ancestrías europea y nativa americana y, en menor proporción, africana. La ancestría genética corresponde a la huella que dejan en nuestro ADN las poblaciones de las que descendemos. Esa diversidad puede modificar la frecuencia con que aparecen determinadas variantes genéticas y también influir en cómo se configura el riesgo de algunas enfermedades. Por eso, utilizar únicamente referencias construidas mayoritariamente con otras poblaciones puede dejar fuera características relevantes para interpretar lo que ocurre en pacientes del país.
Para contar con una referencia más cercana a esa realidad, el equipo generó un genoma chileno ensamblado completamente y levantó una base de datos con las mutaciones observadas con mayor frecuencia en pacientes nacionales.
“Generamos el primer genoma chileno ensamblado completo, de telómero a telómero, distinto de la referencia actual, porque esta última se construyó con personas de Occidente. Nosotros usamos el genoma chileno para identificar mejor las variantes de riesgo en nuestros pacientes”, explica Carol Moraga, académica de la Universidad de O’Higgins y coordinadora de la iniciativa.
En términos simples, se trata de contar con una referencia genética construida a partir de población chilena para complementar aquellas que han sido desarrolladas principalmente con otros grupos y reconocer con mayor precisión las particularidades que aparecen en pacientes del país.
Las diferencias ya comienzan a verse en cánceres especialmente relevantes para Chile. En vesícula biliar, estudios realizados en el país han mostrado que tanto el riesgo como determinadas características moleculares se relacionan con la ancestría genética, incluida la nativa americana presente en una proporción importante de la población chilena.
Al comparar tumores de pacientes chilenos con grupos de pacientes estudiados en Corea e India, el equipo observó además diferencias compatibles con un comportamiento más agresivo en los casos nacionales. Es precisamente el tipo de característica que una referencia construida mayoritariamente con pacientes de otras poblaciones no necesariamente permite representar de la misma manera.
También están apareciendo señales en cáncer de colon. Allí los investigadores observan asociaciones entre la ancestría nativa americana y diferencias en la frecuencia de determinados procesos mutacionales, aunque todavía estudian cuánto de esas variaciones puede explicarse por la composición genética de la población.
Entre las diferencias que está observando el equipo aparecen determinados perfiles moleculares con mayor frecuencia en pacientes chilenos que en grupos estudiados en otros países. En cáncer de vesícula biliar, por ejemplo, encontraron una mayor presencia de un perfil denominado proliferativo, mientras que en cáncer colorrectal aparece sobrerrepresentado un subtipo más agresivo conocido como CMS4. Ambos hallazgos refuerzan la necesidad de estudiar si los tumores de pacientes chilenos siguen patrones diferentes a los descritos en las grandes referencias internacionales.
El tema cobra especial relevancia en la Región de O’Higgins, donde trabaja el equipo y donde el cáncer de colon ha aumentado en los últimos años.
Buscan obtener más información desde una biopsia
En paralelo, los investigadores están explorando otra forma de acercar esa información a la práctica clínica. Hoy, conocer las mutaciones presentes en un tumor suele requerir secuenciar su genoma, un análisis costoso que casi nunca se realiza en la salud pública.
Por eso el equipo entrena modelos de inteligencia artificial capaces de buscar señales moleculares directamente en las imágenes de biopsias que los patólogos ya utilizan habitualmente para diagnosticar el cáncer.
Uno de los primeros modelos desarrollados busca anticipar desde la propia imagen si un tumor duplicó por completo su material genético, una señal asociada a cánceres más agresivos. El trabajo se encuentra actualmente en proceso de publicación científica.
“Desde la imagen queremos predecir cosas moleculares, como mutaciones asociadas a peor pronóstico o a un tratamiento. La biopsia con imagen ya es parte de la práctica clínica; la secuenciación del genoma completo, no. Si logramos leer eso desde la imagen, ampliamos el universo de pacientes y la tecnología se vuelve mucho más democrática”, plantea Alex Di Genova, académico de la Universidad de O’Higgins e integrante del proyecto.
La posibilidad también podría ayudar a enfrentar uno de los problemas que existen actualmente en el sistema público. Las biopsias se revisan por orden de llegada y no cuentan con una priorización automática de acuerdo con su urgencia, mientras que el número de patólogos disponibles es limitado.
“Hoy no existe una priorización de las biopsias: los pacientes se atienden por orden de llegada y no por orden de urgencia. Y los patólogos, que son quienes diagnostican el cáncer, son muy pocos, sobre todo en los hospitales públicos”, advierte Moraga.
Herramientas capaces de ordenar casos según su gravedad o de medir automáticamente determinados marcadores podrían contribuir a que estos especialistas revisen más pacientes en menos tiempo. Los investigadores recalcan, sin embargo, que estos desarrollos todavía no reemplazan al patólogo ni a la secuenciación genética y aún no forman parte de la rutina clínica.
El trabajo se sustenta en infraestructura instalada en la Universidad de O’Higgins, que incluye un clúster de supercomputación de cerca de 1.700 núcleos y el primer biobanco de imágenes digitales de biopsias de la región, con más de mil placas correspondientes a alrededor de 500 pacientes con cáncer de mama y colon.
Este material fue levantado junto a la Unidad de Anatomía Patológica del Hospital Dr. Franco Ravera Zunino en el marco del proyecto “Supercomputación para innovación en Salud Regional: HPC-UOH y HFRZ Juntos hacia la Medicina de Precisión”, financiado por el Gobierno Regional a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC).
Tras una primera etapa centrada en generar infraestructura y reunir información, el equipo comenzará ahora a integrar esos datos para avanzar hacia herramientas capaces de apoyar diagnósticos más precisos.
“Ahora que levantamos la infraestructura y las bases de datos, entramos en la etapa de predicción e integración, para llegar a un diagnóstico más preciso para cada paciente. La idea es que estos programas se sumen a la rutina del equipo de Anatomía Patológica del hospital”, adelanta Moraga.
A este trabajo se suma un fondo recientemente adjudicado para secuenciar cerca de 250 genomas de personas chilenas sanas, que permitirán contar con un grupo de comparación. El objetivo de largo plazo es que la información genómica generada desde la región pueda quedar disponible para apoyar a pacientes y hospitales de distintas zonas del país.
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• La participación permitió a las/os futuras/os profesionales complementar su formación académica.
Salir del aula y encontrarse directamente con empresas, autoridades, profesionales y estudiantes vinculadas/os a la minería permitió a ocho estudiantes de Ingeniería Civil Geológica de la Universidad de O’Higgins ampliar su mirada sobre una industria estratégica para Chile y conocer de primera fuente los desafíos que marcarán su futuro profesional.
La experiencia se desarrolló en la Cumbre de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) 2026, realizada en Metropolitan Santiago, en Vitacura, encuentro que reunió a distintos actores del ecosistema minero nacional para abordar el escenario actual de la industria, sus perspectivas de desarrollo y los desafíos que deberá enfrentar durante los próximos años.
La delegación estuvo integrada por ocho estudiantes de Ingeniería Civil Geológica y el jefe de carrera, Jorge Romero. Durante la jornada pudieron participar de discusiones relacionadas con proyectos, inversiones, recursos y las transformaciones que atraviesa actualmente el sector.
Para Romero, la posibilidad de participar en uno de los principales espacios de encuentro de la minería chilena permite complementar los conocimientos adquiridos durante la formación universitaria. “Debido a que es una de las instancias más relevantes para la comunidad minera nacional, la participación de nuestros estudiantes es muy importante, ya que les permite estar actualizados respecto a las discusiones actuales sobre proyectos, inversiones, recursos y desafíos”, explicó.
Entre las materias abordadas durante la Cumbre estuvieron las regulaciones legales, ambientales y patrimoniales relacionadas con la actividad minera, además de las perspectivas políticas sobre el desarrollo de grandes proyectos en un escenario marcado por cambios geopolíticos, tecnológicos y climáticos.
La discusión también contempló los requerimientos energéticos de la industria y el futuro de los minerales críticos, ámbitos que, a juicio del jefe de carrera, resultan especialmente relevantes para comprender la minería más allá de sus dimensiones estrictamente técnicas.
“Todos estos aspectos permiten tener una visión amplia del negocio minero, que incluye el pulso de nuestra sociedad y tecnología, y entrega lineamientos sobre cuáles son las estrategias más adecuadas para el futuro productivo del país”, sostuvo.
Nuevas redes para la formación profesional
La presencia de la UOH en la Cumbre surgió a partir de una invitación directa de Sonami, algo que Romero valoró como una oportunidad para fortalecer la vinculación de la UOH con el sector.
“La UOH fue directamente invitada por Sonami a participar, lo cual nos llena de orgullo. Los estudiantes pudieron conversar con representantes de las grandes empresas mineras del país y enterarse de las operaciones que estas realizan, además de las oportunidades que existen en el rubro”, destacó.
El encuentro permitió, además, que las/os estudiantes UOH compartieran con jóvenes de distintas instituciones de educación superior del país, generando nuevas conexiones en un momento temprano de su trayectoria profesional.
Uno de los espacios especialmente relevantes para la delegación fue la sesión “La minería y las nuevas generaciones”, dedicada a analizar cómo orientar el capital humano, tanto de profesionales como de estudiantes, hacia las necesidades actuales y futuras de la industria.
Para el jefe de carrera, este contacto temprano permite acceder a dimensiones del ejercicio profesional que difícilmente pueden reproducirse completamente dentro de una sala de clases.
“Lo primero es que acerca a los estudiantes a un mundo que no está disponible en el aula, que excede aquello que los docentes podemos comunicar. Luego del acercamiento, los estudiantes pueden interiorizarse respecto a las condiciones, posibilidades y el futuro de la minería, permitiendo forjar proyectos laborales más sólidos y focalizados”, señaló.
A ello se suma la posibilidad de observar directamente cómo interactúan los diferentes actores que intervienen en el desarrollo de la actividad minera. “Muestra de forma directa la relación entre la sociedad civil, autoridades y empresarios del rubro, y cómo dichos actores se organizan frente a los desafíos del futuro. Es enriquecedor para la formación profesional y genera nuevas redes y posibilidades”, agregó Romero.
Una mirada desde la Región de O’Higgins
La participación adquiere también especial relevancia considerando la presencia de la actividad minera en la Región de O’Higgins y las oportunidades que este escenario plantea para la formación, investigación y vinculación que desarrolla la UOH.
En ese contexto, Romero explicó que conocer las necesidades actuales y futuras del sector permite también analizar cómo la formación universitaria puede responder a las transformaciones de la industria.
“Conociendo mejor las necesidades del mercado respecto a la geología y minería, la UOH puede alinear sus esfuerzos formativos para prepararse para los nuevos desafíos de la minería en Chile y en los países del Cono Sur, tanto en su formación académica inicial como a nivel de postgrado”, afirmó.
Esta mirada, agregó, supera los límites de una sola disciplina. “Esto no solo impacta a la carrera de Ingeniería Civil Geológica, sino que trasciende a otras ingenierías, carreras del área medioambiental e incluso de las Ciencias Sociales”, puntualizó.
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Saber másUOH colaborará con Sernageomin en la cartografía de los peligros volcánicos de la zona central de Chile
- Los académicos Laura Becerril y Jorge Romero, junto a estudiantes de Ingeniería Civil Geológica y la Red Nacional de Vigilancia Volcánica, materializarán la importante investigación.
La zona central de Chile, explicó el jefe nacional de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica, Álvaro Amigo, no cuenta con una cartografía de los peligros volcánicos presentes. Y ello tendría una explicación en que, por ejemplo, la Región de O’Higgins tenga solo dos volcanes -Tinguiririca y El Palomo- ambos con un nivel de peligro eruptivo bajo a moderado y con una baja probabilidad de erupciones inminentes.
Sin embargo, ello no significa que contar con esta información no sea fundamental, como explicó Álvaro Amigo, ya que “si bien no tenemos registros demasiado frecuentes de las erupciones, esa es una especie de arma de doble filo, porque los volcanes de esta región son bastante desconocidos. Hay pocos estudios, y entonces, se podría estar subestimando el potencial impacto cuando ocurra una reactivación. Por lo tanto, para poder hacer una correcta evaluación del peligro y gestionar el riesgo en torno a estos volcanes, es el primer paso”.
Y en esta tarea, trabajarán -en forma conjunta- los académicos del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH), Laura Becerril y Jorge Romero, además de estudiantes de la carrera de Ingeniería Civil Geológica de la Universidad de O’Higgins, y profesionales de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin).
Como detalló el académico Jorge Romero, se está propiciando “un trabajo colaborativo para apoyar la investigación en una zona volcánica que tiene pocos antecedentes actualmente, pero que ha concentrado importantes erupciones históricas. Vamos a apoyar la confección de la cartografía de peligros volcánicos que todavía no existe para esta zona. Para nosotros como Universidad es una gran oportunidad de adquirir conocimientos nuevos, desarrollar nueva investigación y, sobre todo, de ser parte de las políticas públicas, apoyando actividades que, finalmente, ayudan a reducir el riesgo de desastre”.
El investigador destacó también lo que significará la participación para los estudiantes en la elaboración de la cartografía. “Tendrán la puerta abierta para desarrollar temas de tesis y pasantías profesionales. Vamos a pedirles que realicen modelos numéricos, observaciones en terreno, es decir, levantamiento de información, que es la que nos permite confeccionar los escenarios de peligro volcánico, que son los que se incorporan en los mapas de los peligros”.
Nicolás Santana, estudiante de Ingeniería Civil Geológica, destacó lo que significa para ellos participar en esta investigación: “es una oportunidad increíble para desarrollarnos en un área que es sumamente importante para la región”.
Por su parte, Álvaro Amigo, destacó que “por primera vez, vamos a tener un mapa de peligros con autores no solo de Sernageomin, sino que con académicos de la Universidad de O’Higgins. Entonces, desde ya, la autoría va a ser compartida, lo cual es un hito bastante significativo. Y, partimos definiendo las zonas donde hay más expertise por parte de los académicos, y qué zonas tenemos cubiertas nosotros para poder complementarnos y no repetir esfuerzos”.
Prevención de desastres
El director regional (S) de Sernageomin, Roberto Coloma, y su par del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, Marcelo Montesinos, asistieron a la jornada de presentación de la iniciativa que permitirá contar con la cartografía de peligros volcánicos desde el volcán Tupungatito hasta el Nevados de Chillán, lo que involucra a los volcanes de la Región de O’Higgins: Tinguiririca y El Palomo.
Marcelo Montesinos destacó que el contar con este instrumento aporta al desarrollo de los planes de reducción de desastres con los que debe contar cada región, según las amenazas que tenga el respectivo territorio. “Tenemos en nuestra región dos volcanes que están activos pero pasivos, y hay muy poca información al respecto. Es relevante para nosotros, como Senapred monitoreamos todo tipo de amenazas, y la amenaza de erupción volcánica es una más dentro de todas las emergencias que pudiesen existir en nuestra región. Por lo tanto, trabajar con respecto al comportamiento de estos volcanes, las zonas de peligro que existen en sus perímetros es relevante y un avance tremendo”.
Asimismo, la ocasión fue el marco para que el editor en jefe de la revista Andean Geology (ex Revista Geológica de Chile, que publican el Sernageomin y la Sociedad Geológica de Chile), Daniel Bertín, hiciera entrega a la Unidad de Bibliotecas de la UOH de más de 100 ejemplares de la publicación, los que fueron recibidos por Cristóbal Merchán, encargado de Tecnología y Servicios Digitales de la unidad.
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- La actividad coordinada por SENAPRED y realizada el 13 de agosto permitió evaluar condiciones del territorio, puntos de encuentro y actitudes de la población ante el riesgo de remociones en masa.
El Instituto de Ciencias de la Ingeniería y la Escuela de Ingeniería de la Universidad de O’Higgins participaron con validadores y observadores voluntarios en el simulacro de aluvión realizado en la comuna de Malloa, orientado a preparar a la comunidad frente a este tipo de emergencias, evaluar la capacidad de respuesta de los sistemas de alerta temprana y vías de evacuación, así como levantar información dirigida a mejorar los planes de reducción del riesgo de desastres para la toma de decisiones en materia de resguardo y prevención.
El académico Jorge Romero destacó la importancia de haber realizado el simulacro en una zona que conserva la experiencia de las remociones en masa estivales de 2021, eventos que afectaron especialmente a comunidades asentadas en sectores de piedemonte de Malloa y Coinco.
“Que este simulacro se haya realizado en una zona afectada por eventos extremos históricos permite interiorizar experiencias y conocimientos vivenciales a la respuesta ante emergencias. En situaciones de crisis, la memoria y la toma de decisiones pueden verse afectadas por el estrés y la angustia, entonces practicar la respuesta frente a eventuales acontecimientos permite reducir la incertidumbre y actuar de forma automática y lógica cuando sea necesario, poniendo en práctica la memoria procedimental”, explicó el vulcanólogo.
Anticipar escenarios
Para la también académica del ICI, Laura Becerril, este simulacro permitió evaluar distintos componentes de respuesta oportuna, al tiempo de acercar la gestión del riesgo a la experiencia cotidiana de la comunidad. A su juicio, este tipo de ejercicios debe sostenerse en el tiempo para incorporar el reconocimiento del territorio y sus amenazas.
“Prepararse para el riesgo no debería ser algo excepcional. Por el contrario, estos ejercicios deben formar parte de nuestra vida cotidiana, ayudándonos a construir una cultura preventiva en la que conocer el territorio, reconocer sus amenazas y saber cómo actuar sea algo natural. Estar preparados no significa vivir con miedo, sino aprender a convivir con los riesgos que nos rodean. El objetivo consiste en proteger vidas y reducir pérdidas”, señaló la geóloga como una forma efectiva de anticipar escenarios.
Simulacro, participantes y colaboración
Vale destacar que esta actividad realizada el pasado 13 de agosto comenzó a las 11:00 horas con el alertamiento de los cuerpos de emergencia y continuó con el desplazamiento de instituciones y habitantes hacia los puntos de encuentro establecidos. Bomberos, Carabineros, PDI, Cruz Roja, Defensa Civil, Ejército y unidades de rescate, entre otros organismos, participaron del ejercicio, que también incorporó el trabajo de dos académicos del ICI, una docente y ocho estudiantes de Ingeniería Civil Geológica de la UOH, quienes registraron aspectos técnicos de la evacuación, las condiciones de los puntos de encuentro y las conductas observadas durante la respuesta.
Este simulacro también se sumó al trabajo de colaboración que ha sostenido la UOH y SENAPRED, a través de la participación de los académicos del ICI en la Mesa Regional de Peligros Geológicos donde, además, se han involucrado a estudiantes practicantes, tesistas y pasantes profesionales con posterioridad a los aluviones del 2021 en Malloa, con el propósito de fortalecer sus estudios en materia de evaluación, resguardo, prevención y mitigación de riesgos.
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- El encuentro permitió identificar oportunidades para fortalecer la relación entre academia e industria.
Representantes de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de O’Higgins se reunieron con profesionales de Cachantún en su planta ubicada en la comuna de Coinco, con el propósito de avanzar en nuevas líneas de vinculación y ampliar las oportunidades de colaboración entre la academia y la industria.
Por parte de la UOH participaron la encargada de Cursos Transversales, Monserrat Morales; la jefa de carrera de Ingeniería Civil Industrial, Ana Fuentes Espinoza; y la encargada de Prácticas, Consuelo Espina. En representación de la empresa estuvieron Valentina Sandoval, jefa de Desarrollo de Personas y Organizaciones (DPO) de las plantas Plasco, Coinco y Antofagasta; y John Velásquez Cruces, subgerente de Operaciones de la Planta Coinco Cachantún.
La instancia permitió dar a conocer directrices de vinculación y explorar espacios de trabajo conjunto que conecten la formación de las y los futuros ingenieros con necesidades y desafíos concretos de la industria. La proyección considera ámbitos como la investigación aplicada, innovación técnica, prácticas profesionales y la generación de oportunidades para el talento formado en la Región de O’Higgins.
Valentina Sandoval destacó que uno de los principales resultados esperados es “concretar oportunidades clave, como la creación de una cartera de prácticas enfocada en desafíos operacionales reales y un canal directo de atracción de talento para las/os egresadas/os de la UOH”.
La representante de la empresa agregó que también se proyecta “un programa de visitas bidireccionales: por una parte, la realización de charlas de nuestros especialistas a los estudiantes y, por otra, recorridos en nuestras instalaciones para que los estudiantes conozcan la operación en terreno, generando así un mayor enganche e interés temprano por desarrollarse profesionalmente en nuestra industria”.
Durante el encuentro también se identificaron distintas áreas en las que estudiantes de la Escuela de Ingeniería podrían contribuir a los desafíos actuales de la organización. Entre ellas se encuentran el desarrollo de soluciones asociadas a eficiencia energética, economía circular y uso responsable del agua, además de la optimización de procesos y logística para fortalecer la eficiencia operacional y la cadena de suministro.
A estos ámbitos se suma la transformación digital y la analítica de datos, mediante la aplicación de herramientas tecnológicas orientadas a la automatización, el control de calidad y el mantenimiento predictivo.
Desde Cachantún destacaron que la formación técnica de las y los estudiantes, junto con su conocimiento del entorno regional y la incorporación de nuevas perspectivas, puede contribuir al desarrollo de soluciones innovadoras frente a desafíos concretos de la operación.
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Saber másDe la predicción a la alerta: la brecha tecnológica que Chile debe cerrar para anticiparse a los fenómenos meteorológicos extremos
- Los eventos meteorológicos extremos registrados durante 2026 vuelven a poner a prueba la capacidad de Chile para anticiparse a fenómenos de alto impacto.
Los sistemas frontales de 2026, en el inicio del invierno, volvieron a poner a prueba la capacidad del país para anticipar eventos meteorológicos de alto impacto. Para el académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH) e investigador del CR2, Raúl Valenzuela, uno de los principales desafíos está en fortalecer la observación: “Chile necesita mejores herramientas para detectar fenómenos que pueden desarrollarse en escalas de apenas cientos de metros y que dejan pocos minutos para reaccionar”, detalla.
Los sistemas frontales -a la fecha- han dejado algo más que registros de precipitaciones, viento o nieve. Ponen sobre la mesa la real capacidad que tiene el país para anticiparse a los fenómenos meteorológicos extremos y transformar la información científica en decisiones oportunas para proteger a la población.
Para el Dr. Valenzuela parte de la respuesta está en fortalecer una infraestructura que Chile todavía tiene de manera muy limitada: los radares meteorológicos Doppler de carácter escaneador.
Actualmente -explica- la experiencia nacional se ha desarrollado principalmente con radares perfiladores, instrumentos que observan de manera fija la atmósfera y permiten estudiar cómo varían las condiciones con la altura. El problema aparece cuando se necesita identificar fenómenos que no solo requieren información vertical, sino también saber exactamente dónde se están desarrollando y cómo se desplazan.
“Nosotros lo que necesitamos son radares Doppler escaneadores”, plantea el investigador. Estos instrumentos pueden rotar en 360 grados y modificar su elevación, permitiendo observar la atmósfera en distintas direcciones y detectar, entre otros elementos, señales de rotación.
La diferencia resulta especialmente importante frente a fenómenos como los tornados, cuya escala puede ser extremadamente pequeña. Raúl Valenzuela explica que algunos de los tornados observados recientemente en el sur de Chile podrían tener dimensiones cercanas a los 100 metros por 100 metros. Un radar convencional de vigilancia, en cambio, puede trabajar con píxeles de alrededor de 500 por 500 metros.
El resultado es que el fenómeno puede quedar literalmente oculto dentro de la imagen. “El píxel de la imagen tiene que ser más pequeño que el objeto que quiere detectar”, explica el académico, quien compara el problema con una imagen médica: si el elemento que se busca identificar es más pequeño que la resolución del instrumento puede quedar escondido dentro de un píxel y pasar inadvertido.
Esta diferencia entre predecir condiciones y detectar un fenómeno resulta fundamental. “Los modelos numéricos pueden advertir que existe una zona donde las condiciones atmosféricas son favorables para la formación de tornados, pero eso no significa que puedan determinar con precisión el punto exacto donde se desarrollará un fenómeno que puede tener el tamaño de una cuadra o incluso menos”, detalla el investigador.
Ahí es donde, según Valenzuela, los radares adquieren un papel fundamental. “Si nosotros tenemos un modelo numérico que nos dice, acá están las condiciones, el radar va a estar mirando hacia allá”, explica y utiliza una analogía con la torre de Sauron de El Señor de los Anillos: “el sistema recibe una señal sobre dónde concentrar su atención y dirige hacia ese lugar su capacidad de observación”, añade.
Dificultad adicional: la geografía
El académico agrega que, mientras en amplias zonas de Estados Unidos los radares pueden observar horizontalmente a grandes distancias gracias a una topografía relativamente plana, en Chile la cordillera y los sistemas montañosos pueden bloquear rápidamente la señal. Por eso, advierte, no basta con replicar modelos utilizados en otros países. “Es un desafío y va a requerir diseño”, señala.
La discusión adquiere especial relevancia cuando se habla de sistemas de alerta temprana. La instalación de radares más avanzados no significa necesariamente que Chile podrá saber con horas de anticipación dónde ocurrirá un tornado. La experiencia internacional muestra que la ventana de respuesta puede ser mucho más breve. “Aunque sea el mejor radar del mundo, no va a ser del orden de horas, sino que más bien del orden de minutos”, enfatiza Valenzuela.
En Estados Unidos, señala el académico, incluso una alerta de cinco minutos puede ser suficiente para que las personas alcancen a refugiarse en lugares preparados para este tipo de eventos.
El desafío para Chile, entonces, no consiste únicamente en pronosticar mejor. También implica desarrollar una cadena completa que permita observar, detectar, comunicar y reaccionar frente a un fenómeno extremo.
Una oportunidad
El investigador destaca que Chile comienza a avanzar precisamente en esa dirección. Un proyecto Fondequip Mayor, presentado por la Universidad de Valparaíso y en el que participa la Universidad de O’Higgins como institución asociada, permitirá trabajar con un radar de menor alcance, pero con una alta resolución espacial.
La investigación tendrá también un objetivo que va más allá de adquirir tecnología: aprender a utilizarla. “Chile está altamente retrasado en esta tecnología”, sostiene el académico, anticipando que podrían ser necesarios algunos años para comprender plenamente las capacidades, fortalezas y limitaciones del instrumento.
Ese aprendizaje puede ser determinante para una futura decisión de inversión pública, porque permitirá establecer con mayor precisión qué tipo de radares necesita el país, dónde deberían ubicarse y cómo incorporar los datos que generan a los sistemas de alerta temprana.
La discusión, por tanto, no es solamente tecnológica. “Es también una discusión sobre prevención”, finaliza el académico.
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Saber másUOH participa en propuesta internacional sobre enseñanza de la estadística mediante datos del CR2
- La iniciativa aborda la crisis hídrica de la cuenca del río Petorca como caso de estudio para el impulso de procesos de investigación en el aula.
Un grupo de académicos de la Universidad de O’Higgins (UOH) participa en la investigación “Uso de datos secundarios para involucrar a los estudiantes en la investigación de problemas sociales: el caso del Explorador Climático del CR2 y la escasez hídrica”, publicada en vISIon, revista editada por el International Statistical Institute. La investigación orienta a docentes en el desarrollo de procesos de análisis estadístico mediante información climática e hidrológica proporcionada por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).
El académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería (ICI-UOH), Raúl Valenzuela, quien participa en esta iniciativa, subraya que uno de los principales aportes de la propuesta consiste en promover el acceso de los docentes a información climática e hidrológica disponible en el CR2 para diseñar actividades de investigación estadística basadas en problemas reales, utilizando la cuenca del río Petorca como caso de estudio, desde la cual pueden guiar a sus estudiantes hacia el análisis de registros e interpretación de evidencia que les permitan construir conclusiones fundamentadas en datos.
“Antes, acceder a este tipo de información implicaba procesos extensos. Hoy, mediante el CR2, es posible seleccionar estaciones, visualizar registros y trabajar directamente con ellos. Eso permite que un docente diseñe actividades para que sus estudiantes las analicen, por ejemplo, si el caudal del río Petorca mantiene una disminución a lo largo del tiempo, compare ese comportamiento con otras cuencas o examine cómo esas variaciones se relacionan con las precipitaciones. A partir de ese trabajo es posible identificar patrones, contrastar hipótesis y construir conclusiones fundamentadas científicamente. Así, las herramientas estadísticas dejan de ser ejercicios abstractos y pasan a responder preguntas surgidas de un problema real”, señala el doctor en Ciencias Atmosféricas.
Investigación guiada
Por su parte, la académica del Instituto de Ciencias de la Educación (ICEd), Valentina Giaconi, quien también participa en esta colaboración, explica que la propuesta ilustra el desarrollo de una secuencia para que los docentes conduzcan investigaciones estadísticas en el aula. Según la experta, el recorrido comenzaría con la exploración de datos del CR2, continuaría con su organización y visualización mediante gráficos y series de tiempo, y avanzaría hacia la comparación de localidades, periodos, identificación de patrones, e incorporación de nuevas variables.
“El o la docente puede comenzar proponiendo que el estudiantado reproduzca el análisis del caso Petorca con datos disponibles en el CR2 para familiarizarse con la herramienta y con la generación de preguntas de investigación estadística. Luego puede ampliar ese ejercicio planteando nuevas preguntas, por ejemplo, incorporando otras localidades de Chile, nuevas variables, como la temperatura, o distintos periodos de observación. Ese recorrido permite elaborar gráficos, comparar series de datos, identificar tendencias y discutir qué evidencia respalda mejor una explicación”, señala la doctora en Modelación Matemática.
Proyección educativa
Giaconi y Valenzuela coinciden en que el principal aporte de esta iniciativa es ofrecer a los docentes una metodología replicable para transformar información científica en experiencias de aprendizaje estadístico. Sostienen que el estudio de la cuenca del río Petorca constituye un ejemplo que puede extenderse a otros conjuntos de datos disponibles en Chile, favoreciendo investigaciones donde el estudiantado contraste explicaciones y construya conclusiones sustentadas en datos, registros y mediciones que les permita comprender fenómenos ambientales y sociales desde la estadística.
Grupo extendido
Vale destacar que la propuesta para la enseñanza estadística “Uso de datos secundarios para involucrar a los estudiantes en la investigación de problemas sociales: el caso del Explorador Climático del CR2 y la escasez hídrica” (“Using Secondary Data to Engage Students in Investigating Social Issues: The Case of the CR2 Climate Explorer and Water Scarcity”), fue desarrollada en colaboración con investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y de la Universidad de O’Higgins (UOH).
Revisa la investigación: “Using Secondary Data to Engage Students in Investigating Social Issues: The Case of the CR2 Climate Explorer and Water Scarcity”
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