Del muro a los tapices: Desde Cáhuil presentan la obra del Mono González a una nueva fuerza expresiva
- La Dirección de Vinculación con el Medio UOH propició un encuentro para mostrar cómo un taller textil de Cardenal Caro logró traducir las obras del artista chileno al lenguaje cálido propio de las lanas.
Integrantes del Taller Textil Malfatti de Cáhuil, compartieron en la Sala de Exposiciones de la Universidad de O’Higgins la charla “Tejiendo Memoria”, instancia donde revelaron el proceso creativo y técnico que les permitió transformar obras del Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, Alejandro “Mono” González, en una colección de diez piezas de gran formato capaces de conservar intacta su identidad artística desde una nueva fuerza expresiva.
Los miembros de este taller textil, Fernanda Barros y Matías Noguera explicaron que el principal desafío consistió en trasladar, con la mayor fidelidad posible, la propuesta visual del artista a un lenguaje cuya naturaleza es distinta a la de un mural. Señalaron que, más allá de reproducir las obras de González, se enfocaron en comprender su contenido para poder traducirlo a la calidez de la lana hasta convertirlas en una serie de piezas conocidas como “Tapices del Mono González”.
La traducción de un lenguaje
Explicaron que el proceso comenzó con el estudio minucioso de los bocetos originales y de su paleta cromática; continuó con el teñido artesanal de más de cien kilos de lana y culminó con el tejido manual de diez tapices monumentales de 1,50 por 2 metros. Subrayaron que cada textura, color y volumen fue concebido para conservar la intensidad narrativa de los murales y, al mismo tiempo, abrir nuevas posibilidades de contemplar la obra del artista en otro formato.
“Lo primero fue comprender la intención de la obra y seleccionar cuidadosamente cada color para que el tapiz mantuviera su expresividad. No queríamos copiar una imagen, sino traducirla a otro lenguaje que respetara su identidad y permitiera que la lana también expresara aquello que el Mono busca transmitir, pero esta vez desde otras texturas”, señaló la artista visual Fernanda Barros.
Por su parte, el muralista Matías Noguera explicó que el trabajo consistió en interpretar cada boceto, cada contorno y cada color para que la lana transmitiera la misma intensidad artística del mural, sin sustituir la obra original, sino ofreciéndole una nueva forma de encontrarse con el público. A su juicio, ese resultado fue posible gracias a la confianza construida durante años junto al Premio Nacional de Bellas Artes, quien desde hace décadas ha impulsado el diálogo entre el muralismo y otros oficios como parte de su propio proceso creativo. “Nuestra tarea era lograr que la lana no reemplazara el mural, sino que le aportara otra dimensión, otra cercanía y otra forma de relacionar a las personas con la obra del Mono. Esa búsqueda también respondía a su interés por trabajar junto a artesanas y artesanos, porque entiende que el arte también se enriquece cuando dialoga con otras formas de creación”, añadió Noguera.
Diálogo sin fronteras
El impacto de esa traducción artística también quedó reflejado entre quienes compartieron el encuentro. Yorma Alcaraz, por ejemplo, valoró la sencillez con que el Taller Malfatti compartió un proceso que, a su juicio, recupera prácticas culturales que hoy parecen relegadas. Agregó que conocer el origen de los “Tapices del Mono González” le generó nuevas ideas para compartir en los espacios de tejido en los que participa. “Me voy con la cabeza llena de ideas para desarrollar con otras personas. Lo más valioso fue descubrir cómo, con herramientas sencillas y mucho trabajo colectivo, es posible construir obras que también rescatan parte de nuestra cultura. Agradezco a la Universidad por generar este tipo de encuentros”, expresó la participante.
Una lectura complementaria aportó el Profesor Emérito de la Universidad de Nantes (Francia), Jean-Marie Lassus, quien moderó la conversación e interpretó el trabajo del Taller Malfatti como un diálogo entre distintas disciplinas. Desde su perspectiva, el paso del muro al textil no solo transforma el soporte de la obra, sino que prolonga su capacidad de transmitir memoria a través de nuevos materiales y formas de expresión. “Lo excepcional es este paso del muro al tejido. La piedra, asociada a la dureza, encuentra continuidad en la calidez de la lana sin perder el sentido de la memoria. Es un entrelazado perpetuo que amplía la obra, abre nuevas perspectivas entre las artes y demuestra que el patrimonio permanece vivo cuando encuentra otros lenguajes para seguir expresándose”, sostuvo el académico francés que se encuentra en la UOH realizando una pasantía en la Escuela de Salud a través de un convenio de colaboración impulsado por la dirección de internacionalización.
Patrimonio compartido
La directora de Vinculación con el Medio UOH, Luz Fariña, agregó que acercar estos procesos creativos a la comunidad permite comprender que el patrimonio también se proyecta desde los territorios, como lo demostró el Taller Malfatti al trasladar el lenguaje de los murales del Mono González a la calidez de la lana. “Como Universidad valoramos todo el oficio textil que hay detrás de estos Tapices del Mono González: la experimentación, el diálogo creativo con el muralista y el enorme trabajo artesanal. Lo que consiguió el Taller Malfatti de Cáhuil fue mucho más que cambiar una obra de soporte; logró prolongar la vida y el legado artístico del Mono González mediante un nuevo lenguaje, haciendo que su fuerza expresiva continúe dialogando con otras generaciones y en nuevos espacios, sin perder el sentido histórico, político y social que dio origen a su obra, hoy más vigente que nunca”.
El artista y la creación compartida
Finalmente, vale rescatar una reflexión que el propio Alejandro “Mono” González, compartió durante la inauguración de la exposición (hace unas semanas), donde sostuvo que la traducción de sus murales al lenguaje textil demuestra cómo manifestaciones artísticas pueden ampliar su alcance al dialogar con otros oficios y materiales, especialmente cuando estas creaciones provienen desde los territorios, y con las cuales se logra acercar el patrimonio a nuevos públicos y dentro de experiencias compartidas:
“Aquí no hay una obra del Mono González; hay una obra construida entre artista y artesanos. Ellos tomaron fragmentos de mis murales y los transformaron en otra experiencia visual sin perder su sentido. Eso demuestra que el arte se hace entre todos, compartiendo conocimientos, materiales y oficios. Pero también tiene un valor didáctico: no basta con mostrar una obra, hay que explicar su proceso de elaboración y quiénes la hacen posible. Así también damos a conocer trabajos como el del Taller Textil Malfatti de Cáhuil, fortaleciendo así la creación desde los territorios, y en este caso permitir que una memoria que nació en el muro siga encontrando nuevas formas de ser comprendida”, mencionó el Premio Nacional de Artes Plásticas 2025 en la inauguración de la muestra.
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