● Vie 03 de Abril 2026

Isidora Sierralta: la estudiante UOH que llegó al Italy Fellowship para trascender más allá de lo académico

Escrito por Universidad de O'Higgins
Isidora Sierralta

 

  • Cruzó el océano al reencuentro de su carrera y retornó a la UOH transformada en su mejor versión.

 

Isidora Paz Sierralta Sánchez se autodefine como una joven entusiasta y determinada. Con tan solo 22 años, esta estudiante de 5º año de Medicina de la Universidad de O’Higgins se atrevió a salir de su zona de confort para probarse a sí misma en el programa de perfeccionamiento “Doctors in Italy Fellowship”, que abarcaría cuatro semanas de residencia en el Hospital Arcispedale Sant’Anna de Ferrara, reconocido por sus más de 500 años de historia y por figurar en el ranking Newsweek como uno de los mejores del mundo.

Tras ingresar por mérito propio a este prestigioso programa de formación en salud global, Sierralta asumió el desafío en Ferrara con la convicción de reconciliarse con su vocación, luego de atravesar un periodo de desencanto con la medicina tras ser diagnosticada en 2024 y 2025 con las enfermedades crónicas de Crohn y de von Willebrand, que afectan los sistemas digestivo y sanguíneo. Esta desilusión -que reflejaría en “El desamor de la doctora”, poema con el que obtendría el tercer lugar en el Primer Certamen de Poesía UOH 2025-, sería, a la vez, la fuente de inspiración que la impulsaría a postular al Fellowship.

“Sentía que la medicina me había fallado. Necesitaba algo que me reencantara. Una terapia de shock, que justo hallé en este Fellowship, que no solo fortaleció mi formación académica en la UOH, sino que también me permitió alcanzar mi mejor versión como persona y como futura profesional de la salud”, destacaría la estudiante, resumiendo los efectos del reencuentro con su carrera.

Ce l’ho fatta

Ya como interna del Sant’Anna, Isidora superó la barrera del idioma italiano, adaptándose desde el primer día a los protocolos clínicos de un hospital que respira historia. Entre guardias, y turnos, su aprendizaje también adquiriría una dimensión sensorial al contemplar la belleza arquitectónica de Ferrara, cuya armonía renacentista y el eco de sus murallas actuarían como una luz dentro de su proceso formativo.

“Todo era en italiano: informes, fichas clínicas, indicaciones, conversaciones con pacientes, médicos y enfermeras. Fue una residencia que me llevó al límite de mis habilidades sociales y de mis conocimientos médicos, generándome ansiedad en cada momento. Pero también sería el espacio donde probaría de qué estaba hecha. Pues, sabía que lo lograría… Y lo logré, ¡e ce l’ho fatta!”, exclamaría la estudiante, evidenciando la emoción de quien supera un desafío.

Un coloso de aprendizaje

El idioma sería solo el inicio de un recorrido intenso que se desplegaría en las semanas siguientes. Mientras aprendía el idioma, el reencuentro con la medicina tomaría forma en un hospital de 742 camas y alta complejidad, con servicios en especialidades como cardiología, neurología y oncología. Lejos de la expectativa de una estadía “densa y aburrida”, su paso por el Sant’Anna se convertiría en una de las vivencias más agitadas, fructíferas y gratificantes de su vida.

Durante su estancia por el coloso, Sierralta rotaría por el servicio de neurología, donde observó signos clínicos en pacientes hospitalizados. En cardiología, fortalecería sus habilidades en la interpretación de electrocardiogramas y ecocardiogramas, mientras que en el pabellón de hemodinamia aprendería sobre el reemplazo de válvulas y la colocación de stents coronarios. En el área quirúrgica, presenciaría intervenciones de cirugía general, de urgencia, pediátrica, oncológica y vascular. Mientras que en coloproctología observaría diversas hemicolectomías, realizando prácticas de disección, sutura y observación anatómica de órganos extraídos.

“Fue una experiencia profundamente enriquecedora. Haber presenciado tantas cirugías y observar cómo trabajan los equipos de salud -siempre acompañada de un cuerpo académico de trayectoria, dispuesto a enseñar-, me permitiría reafirmar mi vocación desde una dimensión mucho más humana y cercana, comprendiendo la amplitud de la medicina, como una de las ciencias de mayor relevancia”, añadiría la estudiante, ya reconciliada con su camino.

 

Gratitud entrelazada

Tras completar 85 horas de práctica clínica en cuatro semanas, Isidora Sierralta reconocería en retrospectiva que este logro no habría sido posible sin el apoyo de su familia, seres queridos, compañeros y la comprensión de sus profesores en la UOH. El respaldo de docentes como Ignacio Aránguiz (jefe de carrera) y Fernando Veliz, PEC en el ramo de pediatría, sería clave para coordinar sus evaluaciones antes del viaje, enfrentando un exigente cierre académico que le permitiría cumplir con todos sus ramos de manera satisfactoria. “Fue una locura. Estudié mucho contenido en medio de Navidad y Año Nuevo. Pero gracias a la ayuda de mis profesores y compañeros, pude rendir todas mis pruebas y cerrar el semestre exitosamente. El apoyo de mi familia, mi pareja y mis mejores amigos fue incondicional. Nada de esto lo habría logrado sin ellos. Siento una inmensa gratitud por quienes me impulsaron a llegar más alto”, señala la estudiante proyectando sus intenciones de compartir lo aprendido.

Retorno e inspiración

Ya de regreso a su carrera de Medicina en la UOH, la también ex campeona nacional de gimnasia rítmica 2017 situaría su paso por Ferrara no solo como un hito que trascendió lo académico hacia lo personal, sino como una instancia que condensó múltiples dimensiones: “Ciencia, historia, arte y cultura”. La exigencia de adaptarse a un entorno distinto -como lo ha hecho en su faceta deportiva, estudiantil e incluso, como paciente- le ayudó, -según explica-, a enfrentar cada reto del programa desde una lógica distinta donde el enfoque era la exploración y la suma de conocimientos.

“En mi caso, he aprendido a escuchar mi cuerpo, a canalizar energías y adaptarme a distintos escenarios, como el de este viaje a Italia, donde reafirmé que siempre hay nuevos límites por explorar y nuevas oportunidades para reconectarnos con nuestra propia esencia”, sostiene la joven polifacética, convencida de que “el aprendizaje siempre es un viaje sin retorno”. En sintonía con esta visión, el jefe de carrera, Ignacio Aránguiz, espera que esta experiencia de crecimiento formativo en extranjero germine en los pasillos de Medicina de la UOH como una semilla de inspiración para que otros estudiantes se animen a internacionalizar su trayectoria universitaria”.

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El regalo de Isis: retribución 

Hoy, Isidora Sierralta Sánchez, no solo cuenta con una sólida formación en salud global, sino también con una mirada renovada acerca de la medicina y su convicción de servicio. Como su nombre -de raíz griega- sugiere, “don” o “regalo” de Isis, su retorno comienza con el ánimo de retribuir con excelencia la confianza que su Universidad depositó en ella.  “Quiero aportar a la UOH, mi casa de estudios, con responsabilidad y cercanía. Mi meta es proyectar lo aprendido en el Doctors in Italy Fellowship hacia nuestra comunidad académica, buscando que ese conocimiento se traduzca de manera eficiente en beneficio de las personas, de los desafíos sanitarios del país y de la Región”, añade la futura médica, quien abraza este compromiso evocando líneas de su poema “El desamor de la doctora”; ya no como el verso de una desilusión, sino como el eco íntimo de aquello que la impulsa a seguir:

“Este amor me matará,
pero prefiero ser yo mil veces más,
solo para ayudar
a una luz más”.

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