Académico advierte que fin de Yo Elijo mi PC podría profundizar la brecha digital entre estudiantes
Jorge Gallardo plantea que el acceso a computadores no sólo entrega una herramienta para el aprendizaje, también permite desarrollar competencias digitales y participar de espacios educativos y sociales.
La decisión de poner fin al programa Yo Elijo mi PC abre una discusión que, para el académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), Jorge Gallardo Cochifas, va más allá de determinar si la entrega de computadores tiene o no un efecto directo sobre los resultados académicos. Para él, retirar esta herramienta puede tener consecuencias sobre la brecha digital, particularmente entre estudiantes de menores recursos.
El investigador explica que la brecha digital no se relaciona exclusivamente con tener conexión a internet, también tiene relación con las competencias necesarias para desenvolverse en entornos digitales. “La brecha no se limita al acceso a internet, sino que también involucra la capacidad para resolver problemas utilizando un computador: cargar una tarea, elaborar un documento o un texto, trabajar con información y analizarla, entre otras actividades”, señala.
En ese sentido, Gallardo advierte que la ausencia de un dispositivo propio puede afectar especialmente a niños, niñas y adolescentes entre los 11 y 15 años, etapa en que se desarrollan habilidades que posteriormente serán necesarias tanto en el ámbito educativo como laboral.
“Privar del acceso a un dispositivo como un computador puede incrementar la brecha digital”, sostiene el académico, quien agrega que el costo de estos equipos continúa siendo una barrera para muchas familias chilenas. Por ello, plantea que la eliminación del programa podría tener un efecto diferenciado según las condiciones socioeconómicas de los estudiantes.
También llama a considerar una dimensión menos visible, el impacto que esta situación puede generar en el bienestar de los propios estudiantes. Explica que algunas investigaciones han identificado que la falta de acceso a dispositivos puede asociarse a sentimientos de exclusión social, percepción de injusticia y una menor sensación de eficacia frente a tareas digitales.
Más que un PC
Frente al argumento de que el programa no habría generado un impacto significativo en los aprendizajes, Gallardo plantea que es necesario conocer con mayor profundidad la evidencia utilizada para llegar a esa conclusión. “Si consideramos que el computador puede ser relevante para el aprendizaje, actualmente constituye una herramienta fundamental y, justamente, privar de su acceso puede generar consecuencias negativas”, afirma.
El académico enfatiza que el computador tampoco debe entenderse como una herramienta aislada del proceso educativo. Los establecimientos utilizan estos dispositivos en distintas asignaturas y actividades, mientras que docentes y comunidades escolares recurren a ellos para acceder a información, materiales y contenidos vinculados con la formación de los estudiantes.
Desde esa perspectiva, Gallardo plantea que Yo Elijo mi PC debe analizarse como una política de inclusión digital y no únicamente como un mecanismo de entrega de equipamiento. “Un computador no representa solamente un objeto relevante o valorado dentro de una familia, sino que constituye una herramienta que permite conectarse con el mundo y acceder a diferentes espacios de aprendizaje, información y participación”, explica.
Asimismo, el académico advierte que interrumpir la entrega de estos dispositivos puede terminar afectando prácticas que ya se encuentran instaladas en los establecimientos educacionales. Recuerda que antes de la masificación de los computadores muchos colegios, especialmente aquellos con mayores niveles de vulnerabilidad, tenían un acceso limitado a estos recursos.
Por este motivo, Gallardo sostiene que cualquier evaluación sobre el futuro del programa debería considerar no solo indicadores de aprendizaje, sino también su contribución al acceso tecnológico y a la reducción de desigualdades. “Si se interrumpe la entrega de computadores, las prácticas de inclusión digital que actualmente se desarrollan en los establecimientos educacionales pueden verse limitadas. Esto puede contribuir a aumentar tanto la brecha digital como las desigualdades existentes y, en un futuro, impactar la salud mental de las y los estudiantes producto de la exclusión”, concluye.
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