Académico advierte que cambio de hora puede afectar la salud y profundizar desigualdades territoriales en Chile
Jorge Gallardo cuestiona la necesidad de modificar los relojes dos veces al año y plantea que el país debería avanzar hacia un horario único.
Cada año, millones de chilenos deben volver a ajustar sus relojes para adaptarse al cambio de hora. Una práctica que se instaló originalmente como una medida de ahorro energético, pero que hoy tendría beneficios cada vez más reducidos y -en cambio- podría generar consecuencias sobre la salud y la vida cotidiana de chilenos y chilenas.
Así lo plantea Jorge Gallardo, académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), quien sostiene que la evidencia disponible apunta a que sería preferible mantener un solo horario durante todo el año. “Actualmente existen investigaciones que muestran que sería preferible mantener un solo horario. Más aún si consideramos que los cambios de horario surgieron originalmente como una medida destinada al ahorro de energía eléctrica. Sin embargo, hoy los cálculos muestran que ese ahorro sería bastante reducido, llegando a menos del 1%”, explica.
Para el Doctor en Sociología, el problema no se limita a las molestias que experimentan las personas durante los primeros días. Entre las consecuencias estudiadas se encuentran alteraciones del sueño, aumento de accidentes de tránsito, mayor riesgo de infarto al miocardio y cambios en el estado de ánimo. Además, el período de adaptación al nuevo horario puede extenderse durante varias semanas e incluso meses en algunos casos.
“La verdad es que resulta paradójico que hayamos instalado esta cultura del cambio de horario y que, de alguna manera, no nos hagamos cargo de sus consecuencias”, advierte Gallardo, quien plantea que una medida que nació por razones económicas terminó transformándose prácticamente en una costumbre.
Un país, pero realidades distintas
Otro de los cuestionamientos del académico apunta a la forma en que Chile aborda su régimen horario. La extensa geografía nacional implica diferencias importantes en las horas de luz, las condiciones climáticas y las rutinas de las personas entre una región y otra.
En ese sentido, Gallardo considera que las decisiones tomadas desde la perspectiva de la zona central no necesariamente representan las necesidades del resto del territorio. “Chile es un país extremadamente largo y, aun así, gran parte del territorio funciona bajo un mismo huso horario”, señala. A su juicio, experiencias como la de Magallanes, que mantiene un régimen horario diferente al de buena parte del país, debieran abrir una discusión sobre la posibilidad de considerar las particularidades de otras regiones.
El contraste resulta especialmente evidente en el centro-sur. En regiones como Los Lagos, por ejemplo, el horario de invierno puede significar que muchas personas salgan de sus hogares cuando todavía está oscuro y regresen nuevamente de noche, en condiciones climáticas muy diferentes a las de la zona central.
“Es difícil explicar que se siga pensando un régimen horario principalmente desde las condiciones de la zona central y que este se aplique de la misma manera a territorios con realidades muy distintas”, sostiene.
Salud mental y centralismo
Gallardo también llama la atención sobre la relación entre los cambios horarios y la salud mental, especialmente considerando los problemas que enfrenta Chile en esta materia. “Una alteración de la hora puede generar efectos sobre la salud mental de la población en general. Por lo tanto, llama la atención que el Estado no se haga cargo suficientemente de esta situación”, plantea.
Para el académico, el debate trasciende la discusión sobre qué horario resulta más cómodo y pone sobre la mesa un problema mayor: la desigualdad territorial en el diseño de las políticas públicas. “Lejos de constituir solamente una discusión sobre las ventajas o desventajas de un determinado horario, esto también puede expresar una cierta cultura de la desigualdad”, afirma.
El académico recuerda además que Chile tuvo en 2015 un horario único durante todo el año, pero posteriormente retomó el sistema de cambios. A su juicio, la discusión debería considerar no solo la realidad de los estudiantes de la Región Metropolitana, sino también la de quienes deben trasladarse diariamente a sus establecimientos educacionales en el sur del país, muchas veces en completa oscuridad y bajo condiciones de lluvia, viento y bajas temperaturas.
“No podemos asumir que lo que ocurre con la población de la Región Metropolitana representa necesariamente lo que sucede en todo Chile”, concluye Gallardo.
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Saber másExperto advierte: “El verdadero problema no es prohibir las redes sociales, sino haber delegado en ellas la socialización de una generación”
La decisión de Francia de restringir el acceso a redes sociales para menores de 15 años reabrió un debate mundial. El académico Jorge Gallardo plantea que las plataformas digitales no son el origen del problema, sino el reflejo de una sociedad que -durante años- dejó que buena parte de la formación social de niños y adolescentes ocurriera en espacios gobernados por algoritmos e intereses comerciales.
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El gobierno francés decidió prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años sin autorización expresa de sus padres e instaló así un debate que trasciende las fronteras europeas. Mientras el objetivo de la medida apunta a reducir el ciberacoso, la adicción digital y los problemas de salud mental, la discusión abre una interrogante más profunda: ¿es suficiente restringir el acceso a estas plataformas?
Para el doctor en Sociología y académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), Jorge Gallardo, la respuesta exige mirar más allá de la tecnología. “Si como sociedad hemos llegado al punto de plantear prohibiciones o restricciones de este tipo, es porque estamos reaccionando tardíamente frente a un fenómeno que no fue suficientemente discutido cuando comenzó a expandirse”, afirma.
El investigador sostiene que cualquier regulación debe analizar cuidadosamente su implementación, especialmente por las implicancias que tendría en materia de privacidad y protección de datos personales. Sin embargo, insiste en que el debate no puede limitarse únicamente a los mecanismos de control. “Durante demasiado tiempo no evaluamos críticamente qué implicaba exponer a los menores de edad a plataformas diseñadas en función de intereses comerciales y algoritmos que pueden favorecer dinámicas de violencia, acoso o uso problemático”, explica.
Una generación que aprendió a socializar en internet
Para Gallardo, el fenómeno va mucho más allá del tiempo que los adolescentes pasan frente a una pantalla. Lo que realmente cambió fue la forma en que aprendieron a relacionarse con otras personas.
Durante años predominó la idea de que las nuevas generaciones eran “nativos digitales” capaces de desenvolverse naturalmente en internet. Sin embargo, mientras esa capacidad tecnológica era celebrada, pasó inadvertido que una parte importante de sus procesos de socialización estaba dejando de ocurrir en la familia, el barrio o la escuela para trasladarse a plataformas digitales.
En esos espacios, explica el investigador, es posible elegir con quién interactuar, abandonar conversaciones, bloquear opiniones distintas o reunirse únicamente con personas que piensan de manera similar, una lógica muy diferente a la convivencia cotidiana.
“Fuera de las pantallas convivir supone aceptar diferencias, enfrentar frustraciones y aprender a relacionarse con personas diversas. Esa experiencia es muy distinta a la que ofrecen los algoritmos”, sostiene.
Ni prohibición absoluta ni libertad sin límites
La evidencia científica muestra que reducir la exposición a redes sociales puede favorecer la salud mental, disminuyendo síntomas de ansiedad y depresión asociados a la comparación permanente, la validación constante y la presión por proyectar una imagen idealizada.
Sin embargo, Gallardo advierte que un alejamiento abrupto tampoco resolvería el problema. “Hoy muchos adolescentes han construido parte importante de sus vínculos en estos espacios. Un corte repentino podría generar nuevas formas de aislamiento. El desafío consiste en desarrollar capacidades para usar las redes de manera autónoma y crítica, para que sean las personas quienes controlen las plataformas y no las plataformas las que terminen organizando la vida de las personas”, señala.
Sociedad más individualizada
El académico insiste en que sería un error atribuir exclusivamente a las plataformas digitales el deterioro de la salud mental. A su juicio, las redes sociales amplifican procesos que Chile viene experimentando desde hace décadas: la disminución de los espacios comunitarios, el debilitamiento de la participación social y una creciente cultura de la individualización.
“Si como sociedad ofrecemos cada vez menos espacios para encontrarse, participar y construir comunidad, es esperable que niños, adolescentes y jóvenes busquen esas experiencias donde sí están disponibles: en internet”, plantea.
Por ello, considera que el debate abierto por Francia representa una oportunidad para que Chile avance hacia una discusión mucho más amplia. “Si queremos mejorar la salud mental de las nuevas generaciones, no basta con cuestionar el uso de las plataformas digitales. También necesitamos reconstruir espacios de encuentro, fortalecer los vínculos comunitarios y ofrecer oportunidades para que niños, adolescentes y jóvenes desarrollen relaciones sociales significativas fuera del entorno digital”, concluye.
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Saber másLa creciente medicalización de la vida cotidiana preocupa a especialistas
- Académico advierte que cada vez más emociones y experiencias normales de la vida son interpretadas como trastornos de salud mental.
La tristeza tras una pérdida, el miedo frente a un cambio importante, la ansiedad antes de un desafío o el desánimo en períodos difíciles han acompañado históricamente la experiencia humana. Sin embargo, hoy muchas de esas emociones parecen necesitar una explicación clínica. Lo que antes era entendido como parte de la vida cotidiana, cada vez con mayor frecuencia es interpretado como un trastorno que requiere un diagnóstico o incluso un tratamiento.
Para el académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), Jorge Gallardo Cochifas, este fenómeno responde a un proceso de medicalización que ha ido expandiendo los límites de lo que la sociedad considera una enfermedad.
“La medicalización consiste en transformar aspectos normales de la vida, como el duelo, la menopausia, el envejecimiento o determinadas formas de comportamiento, en problemas médicos. Sin embargo, hoy estamos observando algo aún más profundo: un proceso de psiquiatrización, donde las emociones y los malestares cotidianos comienzan a interpretarse casi exclusivamente mediante diagnósticos de salud mental”, explica el experto UOH.
Según el especialista, esta tendencia limita otras formas de comprender el sufrimiento humano, privilegiando la explicación biomédica por sobre los factores sociales, culturales y relacionales que también influyen en el bienestar de las personas.
Más diagnósticos, ¿más enfermedades?
Gallardo sostiene que el debate se intensificó tras la publicación de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), documento ampliamente utilizado por profesionales de la salud mental en todo el mundo.
La nueva versión amplió considerablemente el número de categorías diagnósticas respecto de su antecesora, generando cuestionamientos incluso entre algunos de los especialistas que participaron en versiones anteriores del manual.
“La discusión es si realmente estamos frente a nuevos conocimientos científicos o si simplemente ampliamos los criterios diagnósticos, haciendo posible que cada vez más personas encajen dentro de alguna categoría clínica”, señala.
Aclara que los diagnósticos constituyen herramientas fundamentales para el trabajo profesional, pero advierte que se vuelven problemáticos cuando pasan a convertirse en la única explicación posible para comprender las emociones.
“El diagnóstico puede ser útil en determinados casos, pero difícilmente reemplaza el valor de los vínculos, el diálogo, la experiencia compartida o las condiciones sociales que también explican gran parte de nuestro bienestar”, puntualiza el Doctor en Sociología
Riesgo del autodiagnóstico digital
El fenómeno ya no ocurre únicamente dentro de las consultas médicas. Hoy encuentra uno de sus principales impulsores en las redes sociales.
Videos que prometen detectar depresión, trastorno por déficit atencional, ansiedad, autismo o neurodivergencia mediante listas de comportamientos simples se viralizan diariamente y alcanzan a millones de usuarios.
“Frases como ‘si te pasa esto, entonces tienes este trastorno’ o ‘si haces esto probablemente eres neurodivergente’ presentan como verdades generales procesos que son mucho más complejos. Un diagnóstico requiere evaluar la historia, el contexto y las circunstancias particulares de cada persona”, advierte.
El problema, agrega, es que estos contenidos pueden llevar a interpretar cualquier diferencia, dificultad o emoción desagradable como evidencia de un trastorno psiquiátrico.
“Ese es uno de los principales desafíos actuales: evitar que la única forma de comprender lo que sentimos sea a través de una etiqueta diagnóstica.”
La presión de estar siempre bien
A la expansión de los diagnósticos se suma otro fenómeno propio de la sociedad contemporánea: la exigencia permanente de mostrarse feliz.
Algunas investigadoras han denominado este proceso como la “dictadura de la positividad”, una presión cultural que instala la idea de que el bienestar permanente constituye la normalidad.
“Como seres humanos no somos máquinas programadas para sentirnos bien todo el tiempo. Nuestro estado emocional depende de nuestras relaciones, del trabajo, de las condiciones de vida, del contexto social e incluso de los acontecimientos nacionales e internacionales”, afirma.
Sin embargo, las redes sociales muestran una realidad muy distinta. Allí predominan imágenes de éxito, felicidad y realización personal, mientras los momentos difíciles permanecen invisibles.
“Esa comparación constante puede hacer que una persona sienta que hay algo malo en ella simplemente porque experimenta tristeza, frustración o incertidumbre. Pero esas emociones forman parte de la vida y no deberían entenderse automáticamente como una enfermedad”, detalla Gallardo.
Recuperar el valor de las redes humanas
Para el académico, uno de los principales riesgos de la medicalización es que las personas comiencen a depender exclusivamente de explicaciones clínicas para enfrentar problemas que muchas veces también requieren apoyo social.
Antes de buscar respuestas en internet o intentar autodiagnosticarse, recomienda conversar con familiares, amistades o personas de confianza, recuperando espacios de contención que históricamente han ayudado a enfrentar los momentos difíciles.
“La consulta profesional es recomendable cuando el malestar persiste, aumenta con el tiempo o comienza a afectar significativamente la vida cotidiana, el trabajo, los estudios o las relaciones. Pero eso no significa que toda tristeza, preocupación o cansancio sea un trastorno de salud mental.”
En una sociedad donde las etiquetas diagnósticas circulan con facilidad y las emociones parecen necesitar siempre una explicación clínica, el académico invita a recordar una idea sencilla, pero cada vez más necesaria: sentirse mal en determinados momentos también forma parte de estar vivo. Reconocer esa realidad, concluye, constituye el primer paso para construir una relación más saludable con nuestras emociones y con la propia salud mental.
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Saber másUOH y Natural Bee impulsan programa que fortalecerá la salud laboral de apicultores de O’Higgins
- El convenio permitirá brindar atenciones gratuitas a productores apícolas mediante un trabajo interdisciplinario liderado por la Universidad de O’Higgins.
La salud y calidad de vida de las y los apicultores de la Región de O’Higgins será el eje de un innovador trabajo colaborativo entre la Universidad de O’Higgins (UOH) y la empresa Natural Bee. A través del programa SALVIA (Salud y Calidad de Vida en Apicultores), ambas instituciones desarrollarán un modelo de atención integral que combinará asistencia en terreno, formación estudiantil e investigación aplicada, contribuyendo al fortalecimiento de un sector productivo clave para la región.
La iniciativa contempla la realización de evaluaciones y atenciones gratuitas a apicultores, principalmente pertenecientes al Programa de Alianzas Productivas de INDAP, mediante equipos conformados por académicos del Instituto de Ciencias de la Salud y estudiantes de las carreras de Kinesiología y Nutrición y Dietética. El trabajo permitirá identificar las principales problemáticas de salud derivadas de la actividad apícola y generar estrategias para mejorar su bienestar y calidad de vida.
El acuerdo también considera la entrega, en comodato, de un vehículo por parte de Natural Bee, el que permitirá trasladar a estudiantes y equipos de trabajo para realizar atenciones, actividades de extensión y seguimiento en terreno, fortaleciendo la presencia de la UOH en las distintas comunas de la región. Asimismo, el programa contempla un trabajo sistemático que contribuirá al desarrollo de investigaciones vinculadas a la salud laboral y ocupacional de los apicultores.
Para Víctor Valdebenito González, representante legal de Natural Bee, este convenio concreta un proyecto largamente anhelado por la empresa. “Nuestro negocio es la comercialización de miel, pero nuestro trabajo es ayudar a levantar la apicultura. Creemos que este proyecto puede aportar un granito de arena para que los apicultores estén en mejores condiciones. Encontrar en la Universidad de O’Higgins un socio estratégico que entendiera este sueño fue fundamental para hacerlo realidad”, señaló.
Por su parte, el director del Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH, Bernardo Krause, destacó el impacto que tendrá esta iniciativa tanto en la formación de estudiantes como en el vínculo con el territorio. “Este programa permitirá desarrollar actividades prácticas en el área de la kinesiología y fortalecer la formación de nuestros estudiantes mediante el trabajo directo con productores de la región. Además, potencia la investigación y la vinculación con el medio, generando beneficios concretos para los emprendedores y para el desarrollo regional”, afirmó.
El convenio reafirma el compromiso de la Universidad de O’Higgins con una formación conectada con las necesidades del territorio, promoviendo experiencias de aprendizaje en contextos reales y generando conocimiento que contribuya al bienestar de las comunidades y al desarrollo sostenible de la apicultura regional.
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Saber másUOH impulsa debate regional sobre participación política y derechos de personas con discapacidad
- El seminario, organizado en conjunto por el núcleo DISCA y el proyecto URO 2395, reunió a autoridades, académicos y sociedad civil para fortalecer el diálogo inclusivo y la incidencia ciudadana en la Región de O’Higgins.
Con una masiva convocatoria se realizó el Seminario “Políticas Públicas y Participación Política de organizaciones de personas con discapacidad”. El encuentro, realizado en el Campus Rancagua de la Universidad de O’Higgins, buscó visibilizar los espacios de participación desde la institucionalidad y las organizaciones sociales, promoviendo un diálogo directo entre el Estado, la academia y la comunidad.
La iniciativa fue un esfuerzo conjunto entre el núcleo de investigación interdisciplinario DISCA y el proyecto URO 2395 “Fortalecimiento de la red de apoyo para las personas en situación de discapacidad de la Región de O’Higgins”. Durante la jornada, se abordó la importancia de la participación política como un derecho fundamental y una herramienta clave para la promoción de la justicia social.
Participación y Liderazgo Académico
La actividad se dividió en dos bloques temáticos. En el primero de ellos, el Servicio Nacional de la Discapacidad y la Seremi de Salud de la Región de O’Higgins compartieron sus experiencias y estrategias para integrar la participación de organizaciones de la sociedad civil en el desarrollo de políticas públicas. El segundo bloque se centró en la incidencia y movilización, donde se conocieron experiencias de participación política y organización social de personas con discapacidad, a través de las presentaciones de la agrupación Manos Unidas, Inclusión y Progreso Mostazal y del Colectivo Nacional por la Discapacidad (CONADIS).
El evento contó con la presencia del Prorrector Álvaro Cabrera, el consejero regional Germán Arenas; el director Regional de Senadis, Luis Guerrero, y la directora de la Escuela de Salud UOH, Daniela Flores.
Feria de Servicios
De forma paralela al seminario, se realizó una feria de servicios en el Hall del edificio A de la Universidad. En esta instancia participaron instituciones pertenecientes a la Mesa Intersectorial de Discapacidad e Inclusión (MIDI), entre ellas ChileAtiende, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, acercando la oferta pública y la protección de derechos a los asistentes.
Para cerrar la jornada, se realizó una ronda de preguntas moderada por el académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH e investigador de DISCA, Juan Pino Morán. En este bloque, los asistentes pudieron profundizar junto a los expositores sobre la incidencia real de las organizaciones sociales en la creación de políticas públicas, consolidando un espacio de intercambio técnico y ciudadano.
Impresiones de las y los protagonistas
Álvaro Cabrera, Prorrector de la Universidad de O’Higgins: “La UOH es una Universidad inclusiva al servicio de la sociedad, que ayuda a reflexionar, a generar una mejor política pública y a construir sociedad. Y eso lo hacemos día a día, en instancias como esta, donde la Universidad se transforma en un puente entre el conocimiento y la justicia social”.
Soledad Toro Arévalo, Vicepresidenta de CONADIS y lideresa de “Una Ruta Sin Barreras”: “Es muy importante y urgente tener estos eventos, ya que nos hace reflexionar dónde estamos y cómo encarnamos las políticas públicas. Sin nosotros no ocurre nada. Muchas veces son otras personas que no tienen discapacidad las que elaboran las políticas para nosotros. El marco de público que asistió habla de un real interés porque la discusión se tome la temática en primera persona”.
Luis Guerrero, Director Regional de SENADIS O’Higgins: Destacó la relevancia de fortalecer los espacios de participación política desde la institucionalidad para asegurar que las demandas de las organizaciones sociales sean integradas efectivamente en la agenda pública regional.
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Saber másHumanos y algoritmos: interacciones que afectan la salud mental de los chilenos
- El académico Jorge Gallardo asegura que el impacto de los teléfonos inteligentes y las redes sociales está siendo negativo en nuestro país, especialmente entre los jóvenes.
Con más de 30 millones de conexiones móviles activas en el país y un promedio de casi nueve horas conectadas/os a internet, de las cuales cinco corresponden a navegación exclusiva en un teléfono, Chile comienza a preguntarse cuáles son las consecuencias y el impacto de los smartphones y las redes sociales, en especial en niños, adolescentes y jóvenes.
Para el académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), Jorge Gallardo, el impacto está siendo más bien negativo. “En la infancia observamos un uso cada vez más prematuro de teléfonos móviles y dispositivos digitales y diversas investigaciones han comenzado a advertir que esta exposición temprana podría afectar procesos asociados al desarrollo cognitivo y socioemocional”, detalla.
Agrega que parte de los riesgos asociados a exponerse a temprana edad es que ciertas conductas vinculadas al uso intensivo de pantallas y redes sociales incluso pueden confundirse con trastornos del neurodesarrollo o de la conducta. “Algunos estudios realizados en Europa, particularmente en Francia, observaron que la disminución o suspensión del uso de teléfonos en niños reducía significativamente conductas que inicialmente habían sido interpretadas como compatibles con diagnósticos del espectro autista”, explica el Doctor en Sociología.
Individuos y algoritmos
El experto asegura que uno de los elementos más preocupantes es que gran parte de las interacciones actuales ya no ocurren entre personas, sino entre “individuos y algoritmos”. Y detalla que los algoritmos -a diferencia del ser humano- están diseñados para ofrecer constantemente contenidos ajustados a los intereses y preferencias de cada usuario, lo que genera “relaciones altamente gratificantes e inmediatas, pero también más cerradas y menos desafiantes”, puntualiza.
“Esto reduce la exposición a la frustración, a la diferencia y a la negociación con otros, que son componentes fundamentales del desarrollo social”, recalca el Dr. Gallardo.
En adolescentes y jóvenes -afirma- el fenómeno también es evidente. “Hoy observamos niveles extremadamente altos de uso de teléfonos y redes sociales, lo que tiene consecuencias importantes en las formas de interacción cotidiana. Muchos jóvenes prácticamente no conversan con sus familias dentro del hogar, y también han disminuido los espacios de encuentro prolongado con amistades, compañeros de colegio o universidad. En ese sentido, el teléfono móvil y las plataformas digitales han complejizado significativamente los vínculos sociales presenciales y las formas tradicionales de convivencia”, advierte el académico.
Cambios culturales
“Yo creo que el cambio más profundo y radical que ha generado la hiperconectividad digital es que los teléfonos móviles y las redes sociales dejaron de ser solamente herramientas tecnológicas y pasaron a transformarse en espacios de socialización”, explica el investigador, aclarando que antiguamente la crianza y la introducción al mundo social ocurrían principalmente a través de vínculos presenciales: madres, padres, abuelos, profesores u otras figuras significativas. “Hoy -en cambio- el teléfono y las plataformas digitales también cumplen ese rol. Son espacios que enseñan, orientan, muestran cómo relacionarse y, en muchos casos, median la manera en que niños, niñas y adolescentes comprenden el mundo”, destacó.
El problema -plantea el académico UOH- es que estas plataformas no operan de manera neutral, ya que existen algoritmos que se diseñan para entregar contenidos altamente personalizados, priorizando aquello que genera agrado, interés inmediato o permanencia en pantalla. “Cuando un niño utiliza redes sociales y ‘escrolea’ rápidamente aquello que no le gusta, el algoritmo aprende que debe ofrecerle otro contenido más atractivo para él. El punto crítico es que esa lógica comienza a moldear también las formas de relacionarse con la realidad. Y el niño en vez de enfrentar aquello que incomoda, genera frustración o requiere esfuerzo de comprensión, lo evita”, enfatiza Gallardo.
Este patrón -según señalan estudios internacionales- puede tener consecuencias importantes en el desarrollo socioemocional. “Algunos niños y jóvenes comienzan a trasladar esta lógica del ‘escroleo’ a la vida cotidiana: toleran menos la frustración, presentan mayores niveles de ansiedad y experimentan dificultades crecientes para sostener interacciones sociales presenciales”, detalla el investigador.
Un ejemplo muy claro ocurre en contextos escolares y universitarios, detalla el experto. “En la vida cotidiana existen situaciones inevitables: asignaturas que no gustan, compañeros difíciles, profesores exigentes o conversaciones incómodas. Tradicionalmente, aprender a convivir con esas experiencias forma parte del desarrollo de habilidades sociales y emocionales. Sin embargo, cuando gran parte de la socialización ocurre en entornos digitales altamente personalizados, aparece una expectativa implícita de que todo debería adaptarse a los propios intereses inmediatos. Y cuando eso no ocurre, emergen con más fuerza experiencias de ansiedad, aislamiento o malestar”, agrega.
Desafíos
Frente a este panorama, los desafíos pasan -según indica el académico- por evitar una mirada “tecno ingenua” sobre la tecnología. “No asumir que toda innovación tecnológica -especialmente herramientas que utilizamos a diario para comunicarnos, trabajar, expresarnos o relacionarnos- carece de efectos negativos en nuestra vida social, emocional y cognitiva”. Aclara que toda tecnología transforma nuestras formas de vivir y -por eso- es importante discutir críticamente sus impactos, particularmente cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes.
De allí que le parece interesantes algunas experiencias internacionales donde han optado por restringir fuertemente el uso de dispositivos digitales en las aulas volviendo a modalidades más análogas de enseñanza. “Me parece positiva la discusión que hoy existe respecto de limitar el uso de teléfonos en espacios educativos. Existe cada vez más evidencia que muestra que la hiperexposición a pantallas y redes sociales puede estar asociada a dificultades atencionales, problemas conductuales y formas de ansiedad vinculadas a la interacción social”, puntualiza.
Pero aclara que esto no debiera ser un tema reducido únicamente al ámbito individual, sino también una conversación familiar, educativa y social. “Las familias tienen un rol clave en establecer límites, horarios y criterios de uso”, recalca.
Además, varios países han comenzado a regular el acceso de menores de edad a redes sociales o a restringir el uso de pantallas en etapas tempranas del desarrollo. En algunos contextos, como ocurre en Japón, existen recomendaciones y restricciones muy estrictas respecto de la exposición a pantallas durante los primeros años de vida. Esto refleja que el debate ya no gira únicamente en torno a si la tecnología es “buena” o “mala”, sino a cómo regularla responsablemente y cómo comprender sus efectos a largo plazo.
Agrega que, desde la salud pública, también es un tema que debe tomarse seriamente. “Así como existen campañas preventivas respecto de alimentación, sueño o actividad física, también debiéramos avanzar hacia políticas que promuevan usos más saludables de las tecnologías digitales”, indica.
Cómo mejorar
Uno de los primeros pasos para la desintoxicación tecnológica y un uso responsable de los teléfonos inteligentes y las redes sociales “es tomar conciencia del tiempo real que pasamos utilizando pantallas. Muchas veces el uso es tan cotidiano y permanente que dejamos de percibir cuántas horas del día estamos conectados. Por eso, un primer ejercicio importante es medir cuánto tiempo utilizamos el teléfono y preguntarnos para qué lo estamos usando y en qué momentos”, explica el académico.
Gallardo también indica que los algoritmos tienden a construir “burbujas informativas”, espacios donde recibimos principalmente contenidos que coinciden con nuestros intereses, gustos o creencias previas. “Esto puede generar una especie de aislamiento informativo, donde dejamos de encontrarnos con perspectivas distintas, noticias relevantes o temas que quizás no buscaríamos espontáneamente, pero que igualmente son importantes para comprender el mundo y tomar decisiones informadas”, enfatiza.
El investigador indica que es importante que nos preguntemos qué redes sociales utilizamos, para qué las usamos y cuánto tiempo ocupan dentro de nuestra vida cotidiana. “Reflexionar si el uso excesivo de teléfonos y pantallas está disminuyendo el tiempo de encuentro real con otras personas” afirma.
“Creo que ahí hay una reflexión muy importante sobre el sentido que queremos darle a la tecnología en nuestras vidas. Podemos pasar muchas horas mirando una pantalla, pero las personas que queremos -padres, madres, abuelos, amigos- no estarán para siempre. Y llegará un momento en que ya no podremos recuperar esas conversaciones o esos espacios compartidos. Por eso, más que rechazar la tecnología, el desafío es volver a valorar profundamente las relaciones humanas y comprender que el encuentro con otros no debiera sentirse como una carga o una interrupción, sino como algo fundamental para nuestra vida social y emocional” finaliza el experto UOH.
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Saber másAsistencia personal en la Unión Europea: brechas estructurales bajo la lupa de un enfoque del feminismo descolonial
- Investigación internacional, en la que participaron académicos chilenos, revela profundas desigualdades en cómo se implementa este derecho clave para la autonomía de personas con discapacidad y abre debate sobre modelos de cuidado más comunitarios.
Aunque la asistencia personal es reconocida como un derecho en gran parte de Europa, su implementación dista de ser homogénea. Así lo evidencia una investigación que analizó 27 países de la Unión Europea desde una perspectiva feminista descolonial, identificando importantes brechas en acceso, financiamiento y enfoque del cuidado.
La asistencia personal es un servicio que permite a personas con discapacidad recibir apoyo en actividades de la vida diaria -como desplazarse, asearse o participar en la comunidad- con el objetivo de garantizar autonomía e independencia. A diferencia de modelos tradicionales, busca que la persona tenga control sobre quién le asiste y cómo se organiza ese apoyo.
“Es una herramienta clave para la vida independiente, porque pone a la persona en el centro de las decisiones sobre su propio cuidado”, explica Juan Andrés Pino, académico del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH).
El estudio detalla que, si bien la mayoría de los países cuenta con marcos legales para este tipo de apoyo, las diferencias en su aplicación son significativas. Incluso, casos como Hungría y Luxemburgo carecen de políticas específicas en la materia. En contraste, el 77,7% de los países permite que organizaciones sociales, cooperativas o agrupaciones de personas con discapacidad provean asistencia personal, lo que abre espacios de participación comunitaria.
Uno de los hallazgos más relevantes se relaciona con los llamados “presupuestos personales”, mecanismos que permiten a las personas administrar directamente los recursos destinados a su cuidado. Estos existen en cerca de dos tercios de los países analizados. “Cuando las personas pueden decidir cómo usar esos recursos, se fortalece su autonomía, pero también se abre la discusión sobre cómo avanzar hacia modelos más colectivos”, señala Pino.
La investigación también evidencia una fuerte dependencia del ámbito familiar: en muchos países se permite que familiares ejerzan como asistentes personales, lo que, si bien amplía cobertura, puede reproducir desigualdades de género y limitar la profesionalización del cuidado. De hecho, son escasos los casos donde se exige formación formal para quienes cumplen este rol.
Desde el enfoque descolonial, estas diferencias no son solo técnicas, sino que reflejan estructuras más profundas. “Persisten lógicas que privilegian la independencia individual por sobre el cuidado comunitario, invisibilizando otras formas de apoyo”, advierte el académico.
En esa línea, el estudio concluye que es necesario repensar las políticas de asistencia personal incorporando principios de interdependencia, participación y justicia social. También propone mirar experiencias de América Latina, donde emergen modelos de cuidado más territoriales y comunitarios.
“El desafío es avanzar hacia sistemas que no solo entreguen recursos, sino que también reconozcan el valor del cuidado como una responsabilidad colectiva”, concluye el académico UOH.
Junto a Juan Andrés Pino trabajaron en este artículo los/as investigadores/as Pía Rodríguez, Carolina Ferrante, Alberto Vásquez, Nicolás Schongut y Michelle Lapierre.
Lee el informe completo aquí.
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Saber másVI Jornada de Jóvenes Investigadores en Salud UOH consolida su rol en la formación científica de Pregrado
- La instancia, organizada de manera conjunta entre el Instituto de Ciencias de la Salud y la Escuela de Salud, reunió a estudiantes de diversas instituciones del país, fortaleciendo el diálogo académico y la colaboración en salud.
Con gran éxito se desarrolló la VI Jornada de Jóvenes Investigadores en Salud de la Universidad de O’Higgins, un espacio que se ha consolidado como un hito en la formación investigativa de pregrado, promoviendo el encuentro entre generaciones y disciplinas en torno a la investigación en salud.
Para esta sexta versión, postularon 140 trabajos, de ellos fueron seleccionados 40 para la categoría formato poster y seis para presentaciones orales provenientes de las siguientes instituciones: Universidad Andrés Bello, Universidad Metropolitana (Ecuador), Universidad Bernardo O’Higgins, Centro de Salud Familiar (CESFAM) Los Ríos, Universidad de Concepción, Universidad de Santiago de Chile, Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad Autónoma de Chile, Departamento de Salud Municipal de Cañete, Hospital Clínico Félix Bulnes, Universidad de Antofagasta, Hospital de Los Vilos, CESFAM Cóndores de Chile, Universidad Finis Terrae, Universidad de Los Andes y, por supuesto, de nuestra casa de estudios. Durante la jornada, las y los estudiantes presentaron sus trabajos, generando un valioso intercambio de conocimientos y experiencias que contribuyendo al fortalecimiento del trabajo interinstitucional.
El primer lugar en la categoría presentación formato póster, fue otorgado a la investigación “Displasia acetabular residual en población pediátrica: experiencia de un hospital terciario en Chile”, de la Universidad de Concepción. En tanto, en la categoría de presentaciones orales, la comisión evaluadora premió por su excelencia el trabajo titulado “Factores asociados a la empleabilidad de adultos jóvenes autistas en la Región de O’Higgins: perspectiva del empleador”, presentado por el Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins.
En el marco de la jornada, además, se realizó un reconocimiento especial a estudiantes que han representado a la Universidad de O’Higgins en eventos científicos, destacando su compromiso, dedicación y aporte al desarrollo del conocimiento en el área de la salud.
Tamara Puga, profesional del Centro de Enseñanza-Aprendizaje (CEA) y parte de la comisión organizadora del evento, valoró el crecimiento de esta instancia, señalando que “estamos muy contentos por la convocatoria alcanzada en esta sexta versión. Esto da cuenta de que ya no se trata solo de una iniciativa, sino de una instancia consolidada en la Universidad, que brinda a las y los estudiantes de pregrado la oportunidad de presentar y difundir sus trabajos científicos. Asimismo, hemos recibido contribuciones de otras casas de estudio y centros de salud de distintas regiones del país, lo que refleja el interés por compartir experiencias y fortalecer el desarrollo de la investigación en salud”.
Por su parte, María Soledad Burrone, académica del Instituto de Ciencias de la Salud UOH y parte del equipo organizador, destacó la alta participación y el sentido formativo de la jornada, señalando que “estamos muy satisfechos con la convocatoria, que alcanzó cerca de 140 postulaciones, lo que refleja el creciente interés de las y los estudiantes por la investigación en salud. Este es un espacio que hemos construido con especial dedicación y compromiso entre la Escuela de Salud y el Instituto de Ciencias de la Salud, con el propósito de generar oportunidades concretas para que el estudiantado desarrolle y visibilice sus trabajos”.
Asimismo, agregó que “instancias como esta no solo permiten compartir resultados, sino que también contribuyen al desarrollo de habilidades clave, tales como la comunicación científica, el pensamiento crítico y el trabajo colaborativo, fundamentales en la formación de futuras y futuros profesionales de la salud”.
La jornada reafirma el compromiso de la Universidad de O’Higgins con la formación de profesionales integrales, promoviendo desde el pregrado el desarrollo de habilidades investigativas y la generación de conocimiento en salud.
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Saber másEstudio revela que el cuidado de personas con discapacidad en Chile recae en mujeres y evidencia urgencia de un sistema integral de apoyos
- Investigación realizada en la zona centro-sur del país muestra que el cuidado de personas con discapacidad se sostiene principalmente en el esfuerzo familiar y comunitario, con escaso respaldo estatal.
El cuidado de personas con discapacidad en Chile se construye con gran esfuerzo y desgaste por parte de las familias, especialmente de las mujeres. Así lo concluye un estudio que analiza las experiencias de cuidadoras desde una perspectiva socio-comunitaria y revela las brechas entre el apoyo institucional y las redes comunitarias.
La investigación identifica dos dimensiones clave del cuidado: el “mundo del sistema”, vinculado a las instituciones del Estado —como salud, educación y trabajo—, y el “mundo de la vida”, relacionado con la familia, el vecindario y las organizaciones comunitarias. El cuidado surge del entrelazamiento de ambos ámbitos, pero con fuertes limitaciones en el respaldo institucional.
Entre los principales hallazgos, el estudio muestra que las cuidadoras enfrentan barreras para acceder a servicios de salud, dificultades en la inclusión educativa y rupturas en sus trayectorias laborales, lo que afecta su autonomía económica y bienestar. Además, se evidencia la feminización del cuidado y la naturalización de esta tarea como responsabilidad privada.
“Los sistemas de cuidado se construyen con mucho esfuerzo y agotamiento por parte de las familias, particularmente de las mujeres”, señalan los autores. Asimismo, advierten que “es urgente avanzar hacia sistemas integrales de cuidado donde el Estado asuma una mayor y mejor responsabilidad”.
Las conclusiones destacan que fortalecer las redes comunitarias y articularlas con políticas públicas es clave para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y sus cuidadores. Además, las y los investigadoras/es subrayan que comprender el cuidado más allá del ámbito doméstico permite avanzar hacia una corresponsabilidad social que incluya al Estado, las comunidades y las instituciones.
En la investigación trabajaron las/os académicas/os Juan Andrés Pino-Morán y María Soledad Burrone, ambos del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins; Rodrigo González de la Escuela de Salud de la misma Casa de Estudios; y Pía Rodríguez-Garrido, académica de la Universidad de Las Américas.
Cabe destacar que el objetivo del estudio fue analizar las percepciones de las cuidadoras respecto a la construcción de cuidados socio-comunitarios para personas con discapacidad en la zona centro-sur de Chile. Estos resultados tienen la intención visibilizar las necesidades de las personas y sus comunidades para fortalecer el sistema nacional de cuidados que se está implementando en nuestro país.
Puedes revisar el informe completo AQUÍ.
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Saber másSeminario internacional en la UOH abrió espacios de discusión sobre el manejo del Autismo en la Región de O’Higgins
- El encuentro con respaldo del Instituto de Ciencias de la Salud (ICS), contó con la participación del médico psiquiatra infantil de la Policlínica Gipuzkoa, España, Joaquín Fuentes Biggi.
La Universidad de O’Higgins (UOH) realizó el Seminario Internacional Autismo y Educación, organizado junto al Servicio de Salud, la SEREMI’s de Salud y Educación, la Fundación Inclusión Azul, Autismo Rancagua y SOPNIA. La actividad abordó la importancia de fomentar buenas prácticas entre especialistas de salud, educación y la comunidad, con énfasis en la Ley 21.545. La inclusión y el acompañamiento de niñas, niños y adolescentes autistas dentro de los espacios escolares, subrayó la necesidad articular esfuerzos intersectoriales para un mejor manejo de estrategias y oportunas respuestas frente a personas autistas.
La académica del Instituto de Ciencias de la Salud (ICS-UOH) y co-organizadora del seminario, María Soledad Burrone, señaló que el encuentro implicó el primer paso hacia una iniciativa que busca generar una red de apoyo interinstitucional y comunitaria mucho más amplia y con aportes de experiencias internacionales que permitan fortalecer los servicios de atención en materia de autismo.
“Este seminario materializa un trabajo intersectorial e interdisciplinario fundamental: comunidad, organizaciones, salud, educación y universidad dialogando juntos. Las experiencias nacionales e internacionales nos nutren, sin perder de vista lo esencial que es construir respuestas locales con pertinencia territorial y apropiación cultural para nuestra región, avanzando hacia una implementación efectiva de la Ley 21.545 que garantice los derechos de las personas autistas”, explicó la académica.
El seminario contó con la participación del Dr. Joaquín Fuentes Biggi, referente internacional en autismo; la Magíster Camila González, quien abordó el acompañamiento en situaciones de desregulación; y los doctores Pablo Espoz Lazo y César Mateluna Flores, quienes presentaron aspectos prácticos de la Ley 21.545 y el rol de la neuropediatría y psiquiatría en el diagnóstico y manejo del autismo.
Integración de sectores
El Dr. Pablo Espoz, psiquiatra infanto-juvenil y referente técnico de la Ley 21.545 del Servicio de Salud y organizador del seminario también, expuso sobre los aspectos prácticos de la legislación de Autismo, como marco integrador para el sistema de salud y educación, con miras a formar un modelo de respuesta cada vez más eficiente. Destacó el rol de la UOH como un polo regional de conocimiento, cuyo respaldo institucional permitirá para avanzar en la implementación de esta normativa en todas las instituciones educativas de la región.
“Cuando la salud y la educación trabajan de manera conjunta, y en el marco de la Ley 21.545, se avanza mucho más rápido en términos de respuestas oportunas. Y en ese sentido, la UOH juega un rol preponderante en el fomento de esta normativa a escala regional. El hecho de fomentar espacios como este seminario que integra los mundos académicos, técnicos, especialistas, nos permite considerar las mejores decisiones en tres aspectos fundamentales: en salud, que establece diagnóstico precoz y respuestas cada vez más certeras; en desarrollo social que promueve la inclusión, lo cual implica mayor acceso de personas a servicios de salud, y en la educación que fomenta conocimiento para una mayor calidad de vida de personas autistas”.
Mirada internacional
Entre tanto, el Dr. Joaquín Fuentes Biggi, médico psiquiatra infantil y adolescente de la Policlínica Gipuzkoa, España, recomendó crear un “consorcio” conformado por profesionales del área, con el que se pueda compartir el conocimiento existente y promover la comunicación constante entre médicos, pedagogos y terapeutas. Su recomendación más puntual fue “establecer objetivos pequeños en materia regional para asegurar la ejecución de las mejores estrategias en atención de personas autistas, avanzando gradualmente en el diseño de este consorcio como política pública”, concluyó el experto agradeciendo la invitación al seminario.
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