UOH monitorea temporada frutícola 22-23 por presencia de Drosophila suzukii

La denominada mosca de las alas manchadas y declarada “plaga presente” por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), desde el año 2020 continua su establecimiento y presenta desafíos para los productores de fruta en la región.
Un monitoreo semanal a 21 huertos distribuidos en diferentes comunas entre Chimbarongo, Codegua y Las Cabras, son visitados por profesionales del Laboratorio de Entomología de la Universidad de O’Higgins para revisar las trampas que han sido dispuestas en medio de campos productivos en frutales como cerezas, arándanos, uva de mesa y vinífera, frambuesas y moras para detectar posibles infestaciones de la plaga Drosophila suzukii.
“Este seguimiento se desarrolla anualmente para detectar adultos en trampa y se focaliza en determinar cómo se comportan las poblaciones a lo largo de la temporada. Cuando la fruta comienza a madurar empezamos con un muestreo de fruta semanal, tomando 100 frutos de cada huerto y se llevan al laboratorio de entomología que tenemos en el Campus Rancagua de la Universidad de O’Higgins para analizar si esa fruta está infestada o no a través de distintos métodos como la crianza de la mosca o flotación en solución salina”, explica la Dra. Paula Irles directora del proyecto FIC “Drosophila suzukii: Plaga presente – futura convivencia”, iniciativa financiada por el Gobierno Regional de O’Higgins y su Consejo Regional.
Si hay muestras de fruta en las que se detecta la presencia de la mosca, inmediatamente se le da aviso al productor para que rápidamente tome las acciones respectivas por el ciclo de vida corto que tiene este insecto. Esta alerta es importante porque podríamos esperar que haya otros sectores del huerto con presencia de Drosophila suzukii, comenta la Dra. Irles.
Daños en la fruta
El principal peligro para la fruticultura regional es que la hembra de la mosca tiene un ovipositor aserrado que permite perforar la piel de la fruta madura, deposita sus huevos y luego sus larvas se desarrollan al interior de ésta alimentándose de la pulpa haciendo que la fruta pierda totalmente sus características organolépticas como por ejemplo textura, color y sabor, e incluso desarrollarse enfermedades secundarias por el ingreso de patógenos. Esto impide que la fruta pueda ser comercializada tanto en el mercado interno como externo produciendo enormes daños económicos para los productores.
Luis Valdivia pequeño productor de cerezas del sector de Villa Alegre de la comuna de Placilla cuenta que: “supe de la plaga por intermedio del SAG y una empresa exportadora y fui invitado a participar de las charlas que realizó la Universidad de O’Higgins para conocer de qué se trataba esta nueva mosca. Creo que soy un afortunado por la ayuda que me están dando, sé que no se puede hacer con todos los productores. Si no fuera por ellos, yo creo que me confiaría y no haría un monitoreo responsable, hay muchos productores que no le están tomando el peso a la plaga y personalmente a mí me preocupa mucho combatirla y hacer caso a las recomendaciones que me entrega la universidad”.
La Dra. Irles indica que una vez que los productores vayan terminando sus cosechas en la temporada es muy importante que no dejen fruta en el árbol ni tampoco en el suelo porque son sitios de infestación, “entendemos que estos son costos adicionales para el productor, pero, ya lo hemos visto en temporadas pasadas que al dejar esta fruta en los huertos y al hacer nuestro monitoreo constante nos encontramos con presencia de la plaga y esto es un riesgo para el productor poniendo en peligro la próxima temporada e incluso la de sus propios vecinos con fruta en maduración”.
La Universidad de O’Higgins continuará trabajando en la detección de la mosca en lo que resta de la temporada 22 – 23 analizando además variables del paisaje y factores climáticos que puedan favorecer en la proliferación de la plaga y desarrollando mecanismos de mitigación para los fruticultores.
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