¿Herramienta o atajo? La IA y el debilitamiento del pensamiento crítico
- Una reciente investigación del MIT reveló que quienes usan Inteligencia Artificial para elaborar sus trabajos escolares activan menos regiones cerebrales. Aunque los hallazgos son preliminares, la docente UOH Carolina Leppe advierte sobre los riesgos de reemplazar el pensamiento con tecnología.
¿Está la inteligencia artificial debilitando las habilidades cognitivas de los estudiantes? Es la inquietud que plantea un estudio preliminar del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que detectó -mediante electroencefalogramas- que quienes utilizan IA generativa como ChatGPT activan menos conexiones cerebrales que aquellos que elaboran sus trabajos por sí mismos.
Para Carolina Leppe, docente de la carrera de Pedagogía en Educación Parvularia de la Universidad de O’Higgins (UOH), los resultados del estudio “hacen mucho sentido”, ya que tanto el pensamiento crítico como la creatividad “no son innatos, sino que requieren estimularse y desarrollarse constantemente”. Según la especialista, cuando un estudiante se limita a copiar y pegar lo que entrega la IA, pierde la oportunidad de contrastar fuentes, cuestionar ideas o construir su propia opinión, lo que inhibe procesos clave del aprendizaje.
Desde la neurociencia, el impacto es claro: al procesar activamente la información, el cerebro activa zonas como la corteza prefrontal, asociada a las funciones ejecutivas —memoria de trabajo, planificación, atención y flexibilidad cognitiva—, esenciales para un aprendizaje significativo y duradero. “El cerebro cambia cuando se esfuerza cognitivamente, se generan nuevas conexiones, se activa la plasticidad neuronal y el conocimiento se vuelve más profundo”, explica Leppe.
Curiosamente, el estudio también observó que cuando los estudiantes que no habían usado IA la probaron por primera vez, su conectividad cerebral aumentó. Para Leppe, esto se explica por el efecto de la novedad: “el uso inicial genera sorpresa, curiosidad, y eso activa zonas como el sistema límbico y la corteza prefrontal”. Sin embargo, advierte que ese efecto no se sostiene en el tiempo si el uso de la IA se vuelve mecánico y dependiente.
Frente a un escenario en el que esta tecnología ya está ampliamente extendida, Leppe sugiere un enfoque educativo reflexivo. “Debemos enseñar a los estudiantes a usar la IA como complemento, no como reemplazo. Que aprendan a dar contexto, a explicar qué necesitan, a analizar las respuestas que reciben. Así se estimulan sus capacidades cognitivas y no se apagan”. También destaca la importancia del rol docente para guiar este proceso y generar instancias que fortalezcan la autonomía, la crítica y la creatividad.
“La IA no piensa ni aprende como lo hace el cerebro humano. Nuestro desafío es lograr que los estudiantes no renuncien a ese potencial, sino que lo integren de forma consciente y activa con las nuevas tecnologías”, concluye.
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